Si estás harto de esos chasquidos, crujidos y microcortes de audio en Windows 11 cada vez que cambias de canción, saltas en un vídeo o ajustas el volumen, no eres el único. Mucha gente nota que el sonido «peta» en bajas frecuencias, hace clics al empezar o pausar una pista, o incluso emite pequeños crujidos aleatorios mientras juega o ve YouTube, y es fácil pensar que se ha roto el equipo de sonido. Si necesitas controlar el audio por aplicación, prueba EarTrumpet para controlar el audio por aplicación en Windows.
En la mayoría de casos, el problema no está en los auriculares, DAC, altavoces o IEM, sino en cómo Windows 11 gestiona el audio, la energía del procesador y los controladores. Incluso sistemas recién formateados, con diferentes tarjetas de sonido USB, DAC externos o la típica Realtek HD Audio Manager integrada, pueden sufrir jitter y chasquidos sin que haya un fallo físico de hardware. Por suerte, con una buena dosis de ajustes y algo de método se puede dejar el audio prácticamente perfecto.
Qué es el jitter de audio y por qué se escuchan chasquidos en Windows 11

Cuando hablamos de jitter en Windows 11 nos referimos a pequeñas interrupciones o irregularidades en el flujo de audio que se traducen en clics, crujidos, cortes muy breves o ruidos raros al iniciar o detener la reproducción. No es que el archivo esté mal o que el altavoz esté roto: es que el sistema no entrega los datos de audio al tiempo que debería.
El gran sospechoso aquí es la latencia DPC (Deferred Procedure Call). Windows utiliza las DPC para que los controladores atiendan tareas críticas, como el audio en tiempo real. Si un driver (por ejemplo, de red, GPU, USB, etc.) se «atraganta» o bloquea la CPU durante demasiado tiempo, el servicio de sonido llega tarde y se producen esos chasquidos o microcortes. No lo verás a simple vista, pero se nota directamente en el oído.
A esto se suma la gestión de energía del procesador y los planes de energía de Windows. Windows 11 intenta ahorrar batería y consumo reduciendo frecuencias de CPU, durmiendo enlaces PCIe o suspendiendo dispositivos cuando «no hacen falta». Para tareas de ofimática va genial, pero para audio en tiempo real puede ser una receta perfecta para el tartamudeo del sonido.
También influyen los controladores de audio (Realtek, DAC USB, dispositivos tipo C, etc.). Drivers desactualizados, versiones inestables o incluso ciertas actualizaciones de Windows (como algunas builds tipo 22H2) pueden disparar la latencia DPC o crear incompatibilidades raras que solo se notan al reproducir sonido.
Lo más desconcertante es que el problema puede aparecer de repente: un día el sonido se escucha perfecto, y a la semana siguiente empiezas a notar clics al cambiar de pista, al tocar el volumen o al reanudar un vídeo. Sin haber tocado nada conscientemente, puede haber entrado un nuevo driver, un parche de Windows, un software en segundo plano o una app del fabricante que ha cambiado el comportamiento del sistema.
Cómo reconocer que el problema es de software y no de tu equipo de sonido
Antes de volverte loco comprando nuevos auriculares, DACs o altavoces, conviene confirmar si el problema viene del PC o del hardware de audio. Hay varios indicios bastante claros de que el fallo es de software o configuración:
- El problema se repite en varios auriculares, IEM o altavoces, tanto por jack 3,5 mm como por USB, Bluetooth o DAC externo.
- Los mismos cascos suenan perfectos en otros dispositivos, como móviles Android, tablets o incluso otro ordenador.
- El jitter aparece en todo tipo de fuentes: música local, Spotify, YouTube, vídeos, juegos, DAWs como Ableton, etc.
- En otro PC o portátil con distinta instalación de Windows no pasa, o solo ocurre en las máquinas que comparten cierto hardware o versión de Windows.
Hay testimonios de usuarios que han probado dos tarjetas de sonido USB diferentes, la integrada Realtek y hasta un DAC con amplificador separado, y los chasquidos seguían apareciendo exactamente igual en Windows 11 (e incluso ya les pasaba en Windows 10 antes de actualizar). Eso, junto con que en otros dispositivos el mismo equipo de audio va fino, es una pista clarísima de que el origen está en el sistema operativo.
En otros casos, personas con IEM muy detallados han empezado a notar unos clics muy cortos al ajustar el volumen, cambiar de canción o cuando una pista termina y comienza otra. Tras probar varios IEM, auriculares gaming 2,4 GHz, cascos Bluetooth y diferentes PCs (incluyendo instalaciones limpias), todo apunta a que el «clic» es parte del comportamiento del driver o del propio Windows, no un fallo del equipo.
También es frecuente que jugadores o usuarios de YouTube comenten que, con el tiempo, pequeños crujidos aleatorios aparecen de la nada, a veces tras una actualización de Windows o del fabricante de la placa base, y desaparecen al pausar/reanudar el vídeo o apagar y encender los altavoces USB o tipo C. De nuevo, esto encaja más con problemas de latencia DPC y gestión de energía que con hardware roto.
Preparar Windows 11 para audio estable: instalación y programas en segundo plano
Si trabajas con audio en tiempo real, pinchas, produces música o simplemente quieres evitar molestias al ver contenido o jugar, es buena idea dejar Windows 11 lo más limpio posible para tareas de sonido. Cuantas menos cosas haya molestando al sistema, menos posibilidades de jitter.
Lo ideal, siempre que se pueda, es partir de una instalación de Windows 11 lo más limpia y reciente posible, sin toneladas de programas precargados ni suites del fabricante que añaden servicios innecesarios. Muchos portátiles, por ejemplo, vienen llenos de utilidades de la marca, sistemas de actualización propios, optimizadores y similares que se ejecutan en segundo plano y pueden provocar picos de latencia.
Además, conviene revisar los antivirus y herramientas de seguridad de terceros. Algunos son muy agresivos con el escaneo en tiempo real y pueden interferir en momentos clave, justo cuando el sistema tiene que alimentar el buffer de audio. En entornos orientados a sonido se suele recomendar quedarse con Windows Defender (bien configurado) o, como mínimo, evitar soluciones que metan demasiados procesos residentes.
Ten en cuenta que muchos de los ajustes que veremos a partir de ahora desactivan funciones de ahorro de energía y hacen que el equipo consuma un poco más, sobre todo en portátiles. Lo más sensato es aplicar estos cambios cuando uses el ordenador enchufado a la corriente, y no tanto cuando dependas de la batería.
Si notas que los problemas comenzaron a partir de una fecha más o menos concreta, también merece la pena pensar en qué se instaló o actualizó justo antes: nuevas versiones de drivers, aplicaciones del fabricante, software de juegos, utilidades de gestión de energía, etc. Muchas veces el origen del jitter está en un único componente que cambió «en segundo plano».
Desactivar servicios y aplicaciones innecesarias en segundo plano
Muchos equipos, especialmente los de marca, traen servicios del fabricante preinstalados que se cargan al inicio y se quedan residiendo, a veces con varias tareas en segundo plano: control de iluminación RGB, teclas rápidas, paneles de control, asistentes, telemetría, etc. Este tipo de servicios pueden provocar picos de latencia DPC que se traducen en chasquidos de audio.
Un primer paso razonable es revisar qué se está ejecutando constantemente y desactivar lo que no sea imprescindible. Desde el propio Administrador de tareas puedes:
- Abrirlo con Ctrl + Shift + Esc o clic derecho en la barra de tareas.
- Ir a la pestaña de Inicio (o Inicio de aplicaciones) y deshabilitar programas que no necesites cada vez que enciendes el PC.
- Entrar en la pestaña Servicios y localizar los que correspondan al fabricante de tu placa, portátil o componentes.
En esta lista de servicios puedes, con un poco de cuidado, detener temporalmente los que parezcan prescindibles (siempre que no sean de Microsoft ni algo que claramente reconozcas como esencial). Después de parar uno o varios, comprueba si el audio se estabiliza. Si notas mejora y todo sigue funcionando bien, puedes deshabilitarlos para que no se inicien con Windows.
En algunos casos, servicios como utilidades de energía propias del fabricante, software de audio adicional, asistentes de actualización automática y similares han resultado ser la causa directa de picos de latencia. Quitarlos del arranque y dejar solo lo que realmente utilizas a diario suele ayudar bastante a reducir microcortes.
Priorizar procesos de audio con herramientas como Process Lasso
Cuando usas aplicaciones que exigen audio en tiempo real (DAWs, software de DJ como Traktor, reproductores de baja latencia, etc.), puede ser muy útil ajustar la prioridad y afinidad de CPU de ciertos procesos críticos para el sonido. Una herramienta muy usada para esto es Process Lasso, y conviene complementar su uso con ajustes que los profesionales aconsejan para optimizar el rendimiento del sistema.
Flujo habitual con Process Lasso sería:
- Descargar la versión gratuita de Process Lasso desde su web oficial e instalarla.
- Abrir la aplicación de audio que sueles utilizar (Traktor, tu DAW, reproductor, etc.) para que aparezca en la lista de procesos activos.
- Esperar a que Process Lasso actualice la lista y localiza tu programa de audio.
Una vez identificado el proceso, haz clic derecho sobre él y ajusta:
– La prioridad de CPU a un nivel Alto (marcando la opción de que se aplique «siempre»).
– La afinidad de CPU para decidir en qué núcleos se ejecuta preferentemente el programa, reservándole recursos estables.
Además de tu software principal, en Windows 11 hay dos servicios clave que conviene tratar con cariño: audiosrv (Audio de Windows) y AudioEndpointBuilder. En Process Lasso también puedes asignarles una prioridad alta para que, pase lo que pase en segundo plano, el sistema de sonido tenga acceso rápido a la CPU y no se quede esperando.
Ajustes avanzados de sistema: priorizar programas en primer plano
Más allá de los procesos concretos, Windows 11 permite ajustar cómo reparte recursos entre programas en primer plano y servicios en segundo plano. Para un entorno de audio, lo habitual es decirle al sistema que priorice el rendimiento de las aplicaciones que estés usando activamente.
Cómo acceder a esta configuración:
- Hacer clic derecho en el botón de Inicio y abrir el apartado Sistema.
- Entrar en Configuración avanzada del sistema (normalmente en el panel derecho o abajo).
- Dentro de la pestaña Opciones avanzadas, buscar la sección referente a rendimiento y aplicaciones.
En este menú se puede indicar que Windows priorice el rendimiento de los programas en lugar de los servicios en segundo plano. Aunque parezca un cambio pequeño, en sistemas donde hay muchas tareas residiendo puede marcar la diferencia, sobre todo si trabajas con DAWs, juegos con chat de voz o aplicaciones de streaming de audio/video simultáneamente.
Si sueles usar el PC casi exclusivamente para producción o reproducción de audio, es bastante razonable dejar esta opción fijada para que la carga principal de recursos se centre en lo que ves en pantalla, minimizando interferencias por parte de servicios secundarios.
Gestionar la energía del procesador con opciones avanzadas
Un factor clave que a menudo pasa desapercibido es la manera en que Windows gestiona la frecuencia y los estados de energía del procesador. En los planes de energía predeterminados (sobre todo en portátiles), el sistema intenta ahorrar consumo bajando la frecuencia del CPU, aparcando núcleos o poniendo enlaces en modo ahorro, lo que en audio en tiempo real puede producir jitter.
Para entrar a fondo en estos ajustes hay herramientas como Power Settings Explorer, que descubren opciones de energía ocultas que normalmente no se muestran en el panel clásico de Windows. Con ella puedes exponer parámetros detallados sobre el comportamiento del procesador, estados mínimos y máximos, gestión de C-states, etc.
Una vez descargada y abierta esta utilidad, conviene maximizar la ventana y desmarcar las casillas que ocultan determinados parámetros avanzados. A partir de ahí, podrás ver y modificar elementos de energía que influyen directamente en la estabilidad del rendimiento, algo crucial para sonido sin cortes.
La idea general es crear un perfil de energía agresivo para audio: con la frecuencia mínima del procesador subida, poca o ninguna reducción automática de rendimiento en reposo, y evitando estados profundos de ahorro que tarden demasiado en «despertar» al CPU cuando llega audio que procesar. Esto suele mejorar mucho la sensación de fluidez, sobre todo en sistemas que antes iban cambiando agresivamente de frecuencia.
Recuerda que todos estos cambios implican que el ordenador gastará algo más de energía y puede generar más calor. No es ideal para maximizar la autonomía de un portátil, pero sí es una apuesta muy sólida si te importa más la estabilidad de audio que el ahorro de batería.
Configurar correctamente las opciones de energía de Windows 11

Además de las herramientas avanzadas, es importante revisar el propio panel de opciones de energía de Windows 11. Desde allí puedes ajustar el plan que uses normalmente (Equilibrado, Alto rendimiento, plan del fabricante, etc.) para adaptarlo al uso de audio.
Para acceder, basta con buscar en el menú Inicio algo como «opciones de energía» o «Editar plan de energía». Una vez dentro, abre la configuración avanzada del plan que tengas activo y examina especialmente las secciones relacionadas con el procesador y el enlace PCI Express.
Algunos ajustes habituales que ayudan a reducir el jitter son:
- Subir el estado mínimo del procesador (por ejemplo, del 5% a un valor más alto) para que la CPU no baje tanto de frecuencia cuando «no hace nada».
- Configurar el estado máximo del procesador al 100% si no te preocupa el consumo, asegurando así disponibilidad total.
- En la sección de Administración de energía del estado del enlace PCI Express, ponerlo en Desactivado o en un modo menos agresivo para evitar que los dispositivos en ese bus entren en estados de ahorro que aumenten la latencia.
En portátiles, también merece la pena asegurarse de que estos ajustes se aplican tanto «con batería» como «con corriente», aunque en la práctica lo recomendable es usar los parámetros más agresivos cuando el equipo esté enchufado. De esta forma, al menos durante sesiones de trabajo o juego intensivo, tu equipo destina todos los recursos necesarios al audio.
Si tienes varios perfiles de energía, puedes incluso crear uno específico para audio (por ejemplo, llamarlo «Audio tiempo real») y activarlo solo cuando vayas a producir música, pinchar o jugar, volviendo luego a un plan más ahorrador para tareas normales.
Detectar cuellos de botella y drivers problemáticos con LatencyMon
Cuando, a pesar de todos los cambios comentados, sigues notando clics o microcortes, llega el momento de usar una herramienta de diagnóstico como LatencyMon. Este programa mide la latencia DPC en tu sistema y te indica qué controladores o procesos están provocando retrasos excesivos. También puedes complementar el análisis con comandos para diagnosticar problemas en Windows 11 que ayudan a identificar fallos adicionales.
La mecánica es sencilla: ejecutas LatencyMon, lo dejas funcionar mientras reproduces audio, juegas o haces lo que normalmente desencadena el problema, y al cabo de unos minutos revisas los resultados. Si la herramienta detecta que tu PC no está preparado para audio en tiempo real, te lo mostrará en un mensaje bastante claro.
Lo interesante es que LatencyMon también resalta qué drivers generan las mayores latencias. En muchos casos, el culpable no es el driver de audio, sino otro componente: adaptadores de red, controladores gráficos, USB, dispositivos del fabricante, etc. Con esa lista en la mano, puedes probar a:
- Actualizar los drivers problemáticos a su última versión estable desde la web del fabricante.
- Volver a una versión anterior si el problema comenzó tras una actualización concreta.
- Deshabilitar temporalmente el dispositivo en el Administrador de dispositivos para comprobar si el audio mejora al hacerlo (por ejemplo, una tarjeta de red Wi-Fi problemática).
Esta aproximación es muy útil porque, en lugar de ir a ciegas, te permite actuar de forma quirúrgica sobre el componente que realmente dispara la latencia. No siempre será un único driver, pero casi siempre habrá alguno que destaque sobre el resto y que sea buen candidato a revisión.
Gestionar y reparar los controladores de audio en Windows 11
Una de las causas más directas de jitter y chasquidos son los drivers de audio defectuosos, desactualizados o inestables. Windows 11 facilita bastante su gestión, pero conviene seguir algunos pasos con método para no dejar cabos sueltos.
Lo primero es verificar si hay versiones más recientes del controlador. Para ello puedes abrir el Administrador de dispositivos, desplegar la sección «Controladoras de sonido y vídeo y dispositivos de juego», localizar tu dispositivo de audio (Realtek, DAC USB, audio de la placa, etc.) y seleccionar la opción Actualizar controlador. Desde ahí, puedes dejar que Windows busque actualizaciones o instalar manualmente un driver descargado de la web del fabricante; además, generar un informe de hardware con Speccy puede ayudarte a identificar versiones y componentes conflictivos.
Si el jitter apareció tras una actualización concreta del controlador, es muy buena idea usar la función de «Revertir controlador» en las propiedades del dispositivo. Esta opción devuelve el driver a la versión anterior, lo que en muchos casos elimina los chasquidos que han surgido de repente.
Otra opción interesante cuando ya has probado varias versiones y sigues con problemas es cambiar al controlador de audio genérico de Windows. Muchos usuarios han conseguido un audio más limpio sustituyendo el driver específico de la marca por el genérico «Dispositivo de High Definition Audio» de Microsoft, especialmente cuando los controladores OEM tenían fallos reconocidos.
Si todo lo anterior falla, también puedes hacer un borrado más radical: desinstalar completamente el dispositivo de audio desde el Administrador de dispositivos (marcando la casilla para eliminar también el software del controlador), reiniciar el PC y dejar que Windows lo detecte de nuevo e instale los controladores básicos. A veces, limpiar configuraciones corruptas de esta forma devuelve la estabilidad al sistema de sonido.
Restaurar Windows 11 y, en casos extremos, reinstalar el sistema
Cuando has probado ajustes de energía, prioridad de procesos, gestión de drivers y diagnóstico de latencia, y sigues notando que el audio cruje aleatoriamente sin una razón clara, puede que el origen esté en cambios más profundos del sistema: actualizaciones acumuladas, modificaciones de registro, programas que han dejado restos, etc.
Si recuerdas aproximadamente desde cuándo empezaste a notar los chasquidos, una opción muy práctica es usar un punto de restauración de Windows 11 anterior a esa fecha. La Restauración del sistema revierte archivos de sistema, controladores y configuraciones importantes sin tocar tus documentos personales, lo que te permite regresar a un estado en el que el audio funcionaba bien.
En el caso de que el problema aparezca incluso en una instalación relativamente reciente, o que haya tantas capas de cambios que ya no tengas claro qué deshacer, cabe plantearse una instalación limpia de Windows 11. Esto implica formatear la partición del sistema y empezar de cero, por lo que antes debes hacer copia de seguridad de todos tus datos y apuntar tus programas y configuraciones esenciales.
Aunque pueda parecer drástico, en muchos casos de jitter persistente y sin explicación aparente, una instalación limpia deja el sistema libre de residuos de controladores, herramientas del fabricante y parches conflictivos, devolviendo un audio totalmente estable. Eso sí, conviene que, tras reinstalar, vayas añadiendo drivers y software poco a poco, comprobando el sonido entre cada cambio.
Otros ajustes y recomendaciones útiles para reducir chasquidos
Además de las medidas principales, hay una serie de pequeños trucos y ajustes complementarios que pueden marcar diferencias en determinados equipos, sobre todo cuando el problema es sutil o intermitente.
En el propio panel de sonido de Windows 11, en las propiedades de tu dispositivo de reproducción, puedes probar a cambiar la profundidad de bits y la frecuencia de muestreo (por ejemplo, 16 bits 44,1 kHz, 24 bits 48 kHz, etc.). Aunque ya haya usuarios que han tocado todas las combinaciones sin éxito, en bastantes casos fijar un valor estable y evitar que varias apps cambien constantemente el formato de audio ayuda a suavizar la experiencia. También es recomendable, para enrutar y mezclar fuentes internas, usar Voicemeeter Banana si necesitas mayor control de rutas y mezclas.
También es recomendable desactivar todas las mejoras de audio y efectos añadidos que Windows pueda aplicar (ecualizadores, envolventes, mejoras de graves, etc.), así como las utilidades «mejoradoras» del fabricante que corran aparte; igualmente, aplicar técnicas para quitar ruido de fondo puede ayudar en ciertos escenarios donde las capas de procesamiento introducen artefactos.
Otra táctica es deshabilitar dispositivos que no utilices en el Administrador de dispositivos, como salidas de audio que nunca usas, tarjetas de sonido adicionales que no tienes conectadas, controladoras antiguas, etc. En ocasiones, un dispositivo que prácticamente no utilizas puede seguir cargando un driver que aumenta la latencia DPC.
Por último, merece la pena revisar los puertos físicos y el cableado. Aunque muchos casos descritos dejan claro que el problema era software (porque el fallo se repetía con todo tipo de auriculares y en varios PCs), no está de más probar distintos puertos USB (delanteros y traseros), conectar los altavoces tipo C a otra entrada, o cambiar el cable si sospechas de un mal contacto. Así eliminas cualquier posible causa física antes de darlo por problema de Windows.
Con todos estos pasos, desde la gestión de latencia DPC y los ajustes de energía hasta el control de drivers y servicios, es posible dejar un sistema con audio limpio, sin chasquidos ni microcortes molestos incluso en situaciones exigentes como juegos, producción musical o reproducción intensiva. Puede requerir algo de paciencia ir probando combinación de cambios, pero cuando el sonido vuelve a ser estable y transparente, el esfuerzo compensa con creces.