Cómo proteger a las personas mayores de los riesgos de Internet

  • Identificar los principales riesgos digitales que afectan a las personas mayores, como estafas, phishing, smishing y vishing.
  • Aplicar hábitos básicos de ciberseguridad: contraseñas robustas, webs seguras, redes Wi‑Fi fiables y dispositivos actualizados.
  • Usar herramientas de protección como antivirus, gestores de contraseñas y extensiones del navegador para reforzar la seguridad.
  • Reaccionar con calma ante un posible ciberataque, pedir ayuda, denunciar y ofrecer apoyo emocional para reducir el impacto.

riesgos de usar internet en los adultos mayores

Las personas mayores están cada vez más conectadas, usan los móviles para mayores, la tablet y el ordenador para hablar con la familia, hacer gestiones o informarse. Eso tiene muchas ventajas, pero también supone que se exponen a riesgos en Internet que a menudo desconocen y que los ciberdelincuentes aprovechan sin piedad.

Si tienes padres, madres o abuelos conectados, seguramente ya habrás visto algún mensaje raro en su móvil o un correo sospechoso en su bandeja de entrada. Es clave que aprendan unas nociones sencillas de seguridad digital y que sientan que pueden pedir ayuda sin vergüenza. De este modo, podrán disfrutar de la tecnología sin vivir con miedo a ser estafados.

Riesgos digitales más frecuentes para las personas mayores que navegan en internet

A medida que los mayores se incorporan al entorno online, se enfrentan a un abanico de amenazas que van desde las estafas económicas hasta el robo de identidad. Para poder protegerlos, primero es fundamental reconocer qué tipos de peligros son los más habituales y cómo suelen presentarse.

Estafas y fraudes online

Uno de los grandes problemas es que muchos engaños por Internet están diseñados específicamente para víctimas con menos experiencia digital. Los delincuentes se aprovechan del desconocimiento y del exceso de confianza para lograr que las personas mayores les revelen datos personales o realicen pagos que parecen legítimos pero no lo son.

Estas estafas pueden llegar por correo electrónico, mensajería instantánea, redes sociales o incluso páginas web falsas que imitan a bancos, empresas de mensajería o instituciones públicas. El resultado suele ser grave: pérdida de dinero, acceso a cuentas bancarias o robo de datos que luego se usan para otros delitos.

Phishing: correos que imitan a tu banco u organismos oficiales

El phishing es una de las ciberestafas más extendidas. Consiste en que los atacantes se hacen pasar por entidades legítimas, como bancos, Correos o la Administración, enviando emails que parecen totalmente reales. En esos mensajes suelen incluir enlaces a páginas web falsas o archivos adjuntos infectados.

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Si la persona hace clic en el enlace, puede acabar introduciendo sus credenciales en una web fraudulenta o descargando malware que infecte el dispositivo y robe datos personales y bancarios. Por eso es vital enseñar a los mayores a desconfiar de cualquier correo que pida contraseñas, códigos o datos sensibles, aunque lleve el logo del banco.

Smishing: el engaño por SMS o WhatsApp

El smishing funciona igual que el phishing, pero se realiza a través de mensajes SMS, WhatsApp o incluso mensajes de voz que llegan al móvil. Normalmente, los ciberdelincuentes se hacen pasar por Correos, empresas de paquetería, la Seguridad Social o el banco, avisando de un problema con un paquete, una cuenta bloqueada o un supuesto pago pendiente.

En estos mensajes suele aparecer un enlace para «resolver la incidencia» o «confirmar la identidad». Al pulsarlo, los delincuentes pueden acceder a datos bancarios, contraseñas, información personal o incluso instalar software malicioso en el teléfono. Es esencial explicar a las personas mayores que estas empresas nunca les harán gestionar algo urgente a través de un enlace dudoso enviado desde un número extraño.

Vishing: estafas telefónicas que parecen oficiales

El vishing es otro tipo de estafa muy peligroso, porque se basa en llamadas telefónicas en las que el delincuente se hace pasar por un trabajador de confianza: un empleado del banco, de una compañía de luz o gas, o de un servicio técnico.

Durante la llamada, con mucho aplomo y usando datos que a veces han obtenido previamente, intentan que la persona les facilite números de tarjeta, códigos de verificación, claves o datos personales muy sensibles. Con esa información pueden vaciar cuentas, contratar servicios a su nombre o incluso suplantar su identidad en el futuro.

Malware y otros programas maliciosos

Otro frente importante son los programas maliciosos o malware. Muchas personas mayores no son conscientes de que al descargar un archivo adjunto, instalar una app de origen dudoso o entrar en una página falsa, pueden estar dejando que software dañino se instale en su móvil, tablet u ordenador.

Estos programas pueden registrar lo que escriben, abrir la puerta a otros ataques, robar documentos o bloquear el dispositivo para pedir un rescate (ransomware), para lo que conviene conocer cómo reparar Windows tras una infección grave. La consecuencia es doble: por un lado, pérdidas económicas o filtraciones de información privada; por otro, la sensación de desconfianza total hacia la tecnología.

Impacto emocional y sensación de vergüenza

Ser víctima de una estafa digital no solo deja un agujero en la cuenta bancaria. Muchas personas mayores sienten después mucha culpa, vergüenza y miedo a reconocer lo que les ha pasado, incluso con su propia familia.

Expertos en ciberseguridad que trabajan con este colectivo señalan que apenas una de cada cinco personas mayores admite haber sido engañada. Esa ocultación dificulta denunciar y pedir ayuda, y a la larga puede provocar ansiedad, desconfianza en Internet y aislamiento, renunciando a herramientas que les ayudan a estar conectados con sus seres queridos.

¿Por qué es tan importante la seguridad en Internet para los mayores?

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En los últimos años se ha producido un salto enorme en el uso de la red por parte de la tercera edad. Informes recientes indican que el porcentaje de mayores que utiliza Internet de forma habitual no deja de crecer, y en la franja de 65 a 74 años ya son una clara mayoría los que se conectan a diario.

Este aumento tiene un lado muy positivo: gracias a la tecnología, las personas mayores pueden hacer videollamadas, seguir talleres online, gestionar trámites y participar en comunidades sin salir de casa. Pero esa misma adopción rápida, muchas veces forzada durante la pandemia, ha hecho que entren en un entorno digital complejo sin una formación sólida.

Muchos de ellos sienten que todo va demasiado deprisa, que no dominan las apps ni las webs del banco, y eso crea una sensación de desamparo. Por eso, la clave no es que se conviertan en expertos, sino darles unas bases sencillas de ciberseguridad para reducir la brecha digital y que puedan desenvolverse con más tranquilidad.

Diez hábitos básicos de ciberseguridad para la tercera edad

Distintas entidades especializadas en ciberseguridad y organismos públicos coinciden en una serie de recomendaciones muy prácticas para que las personas mayores usen Internet con menos riesgos al usar internet. No hace falta saber de informática: bastan unas rutinas simples que repitan siempre que se conecten, usen el correo o el móvil.

  1. Cuidar lo que se publica y comparte. Muchas abuelas y abuelos no ven problema en subir a redes sociales fotos de sus nietos, su casa o incluso documentos. Es importante explicarles con calma que todo lo que se sube a Internet puede acabar siendo público, y que conviene limitar la información personal que exponen.
  2. Desconfiar de SMS y mensajes que piden datos. Hay que insistir mucho en que los delincuentes utilizan SMS, WhatsApp o mensajes de voz para suplantar a bancos, empresas de mensajería o servicios públicos. Si un mensaje les pide que pulsen en un enlace o faciliten claves, es mejor ignorarlo y consultar directamente con la entidad por los canales oficiales.
  3. Recordar que el banco nunca pide claves por email o mensaje. Es una idea que debe quedar muy clara: si les solicitan contraseñas, números de tarjeta o códigos por correo electrónico, SMS o llamada sospechosa, se trata casi seguro de una estafa. La entidad bancaria siempre utilizará canales seguros y nunca exigirá compartir claves completas.
  4. No reenviar cadenas de mensajes ni pinchar en enlaces “milagrosos”. Muchas cadenas prometen regalos, sorteos, cupones o descuentos increíbles si se comparte un enlace. Lo habitual es que detrás haya intentos de robo de datos, instalación de malware o recopilación masiva de información. Lo más sano es ignorar y borrar.
  5. Entrar solo en páginas web seguras. Un truco sencillo es fijarse en que la dirección de la página empiece por «https» y tenga el icono del candado. Esto indica que la conexión va cifrada. Aunque no garantiza que el sitio sea legítimo al 100 %, ayuda a evitar webs claramente inseguras o mal configuradas y conviene usar herramientas de privacidad.
  6. Utilizar con cabeza las redes Wi‑Fi públicas. Conexiones gratuitas en bares, estaciones o centros comerciales pueden ser peligrosas. Lo ideal es que las personas mayores usen la Wi‑Fi de casa o la conexión de datos del móvil para gestiones importantes. Si no hay más remedio que usar una red pública, nunca deben entrar al banco ni poner contraseñas sensibles.
  7. Crear contraseñas robustas y no repetirlas. Es clave que las contraseñas tengan letras mayúsculas y minúsculas, números y símbolos, y que no sean fáciles de adivinar (nada de 1234, fecha de nacimiento o nombre del nieto). También es importante no reutilizar siempre la misma para todo y evitar llevarlas apuntadas en una libreta que se pueda perder.
  8. Instalar y mantener un buen antivirus. Un antivirus actualizado puede detener la mayoría del software malicioso que intenta colarse en el dispositivo. Existen opciones gratuitas de calidad, como Avast, Avira o Bitdefender, que bloquean páginas fraudulentas, detectan malware y avisan de comportamientos sospechosos.
  9. Estar alerta ante llamadas sospechosas (vishing). Hay que advertirles de las estafas telefónicas en las que alguien se hace pasar por el banco o una compañía de suministros para conseguir datos. Ante la duda, lo mejor es colgar, buscar el número oficial de la entidad y llamar por su cuenta, sin usar el teléfono que les dan en la llamada.
  10. Actualizar el móvil y el ordenador siempre que lo pidan. Muchas personas mayores tienen miedo de actualizar porque piensan que se va a estropear algo. Es importante explicarles que las actualizaciones corrigen fallos de seguridad y que son una protección esencial frente a nuevos ataques. Si no saben cómo hacerlo, lo ideal es que pidan ayuda a un familiar o a alguien de confianza; también pueden seguir guías para dejar el sistema optimizado.

Herramientas y trucos para una navegación más segura y sin riesgos en Internet

Además de los buenos hábitos, conviene acompañar a las personas mayores en la instalación de algunas herramientas que refuerzan su seguridad de forma casi automática. De este modo, aunque cometan algún despiste, habrá más capas de protección.

Antivirus y programas de seguridad recomendados

Los antivirus actuales no solo sirven para cazar virus, también bloquean acceso a páginas peligrosas, revisan archivos descargados y vigilan comportamientos extraños. Entre las opciones gratuitas más valoradas se encuentran Avast, Avira y Bitdefender, que ofrecen una protección muy razonable para el día a día.

Algunos incluyen funciones como VPN, escaneos periódicos y filtros anti‑phishing. Hay que explicar a la persona mayor que, aunque aparezcan avisos para pasar a la versión de pago, no es obligatorio comprarla para estar protegido a nivel básico. Lo importante es mantener el antivirus activo y actualizado.

Gestores de contraseñas: una sola clave para recordarlo todo

Con tantas webs, bancos, correos y redes, es lógico que a cualquiera le cueste recordar todas sus contraseñas. En el caso de las personas mayores, un gestor de contraseñas puede ser una gran ayuda, ya que almacena todas las claves en una “caja fuerte” cifrada y solo necesitan memorizar una contraseña maestra.

Servicios como LastPass, NordPass o Roboform permiten guardar usuarios y contraseñas, rellenar formularios automáticamente y avisar si alguna clave es débil o está repetida. A la hora de configurarlos, es importante sentarse con la persona mayor y dejar todo bien preparado para que el sistema sea sencillo de usar en su día a día.

Extensiones de navegador que añaden protección extra

Otra ayuda práctica son las extensiones del navegador centradas en la privacidad y la seguridad. Herramientas como IronVest (antes Blur), HTTPS Everywhere o Privacy Badger ayudan a evitar rastreos abusivos, forzar conexiones seguras y bloquear elementos sospechosos mientras la persona navega.

Instalarlas desde las tiendas oficiales del navegador (Chrome Web Store, complementos de Firefox, etc.) y dejarlas configuradas desde el principio hace que la protección funcione en segundo plano sin que el usuario tenga que hacer nada cada vez que entra en una página web.

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¿Cómo proteger móviles y tablets de las personas mayores?

El smartphone es ya el dispositivo principal para la mayoría de los mayores. Con él llaman, chatean, hacen videollamadas, miran fotos y hasta gestionan el banco. Precisamente por eso, si el móvil cae en manos equivocadas o se infecta, el daño puede ser enorme.

  • Activar bloqueo de pantalla y bloqueo automático. Es recomendable usar PIN, patrón, huella dactilar o reconocimiento facial, y que la pantalla se bloquee sola en poco tiempo. Así, si el móvil se pierde o lo roban, resulta mucho más difícil acceder a su contenido.
  • Descargar solo aplicaciones de tiendas oficiales. Google Play Store y App Store revisan las apps antes de publicarlas. Si una persona mayor instala aplicaciones desde enlaces raros o páginas extrañas, corre el riesgo de meter malware en su dispositivo. Lo ideal es que pida ayuda antes de instalar algo que no conozca.
  • Revisar los permisos que piden las apps. Algunas aplicaciones solicitan acceso a la cámara, los contactos, la ubicación o los SMS sin que tenga sentido. Conviene enseñarles a mirar estos permisos y a desconfiar de apps que piden más de lo necesario para funcionar.
  • Hacer copias de seguridad con regularidad. Configurar copias automáticas en la nube (Google Drive, iCloud u otros servicios) permite que, si pierden el móvil o se estropea, no desaparezcan fotos, contactos y documentos importantes. Esta tarea se puede dejar ya automatizada para que no tengan que preocuparse.

Acompañamiento, formación digital y apoyo emocional

Más allá de las herramientas, lo que marca la diferencia es el acompañamiento. Especialistas en ciberseguridad que trabajan con personas mayores insisten en que la supervisión cercana ayuda muchísimo. No se trata de controlarles todo, sino de estar disponibles para revisar operaciones delicadas o mensajes sospechosos, como transferencias, compras online o avisos inesperados del banco.

También es muy útil recalcar que en Internet casi nada es tan urgente como lo pintan. Muchas estafas juegan con la prisa y la presión: «tiene que actuar ya», «si no, perderá su dinero»… Conviene animarles a pararse un momento, respirar y consultar con alguien de confianza antes de tomar decisiones que afecten a su dinero o sus datos.

El componente emocional es clave. Muchas personas mayores ocultan que han sido víctimas de una estafa por vergüenza, porque piensan que han sido «torpes» o que la familia se va a enfadar. Es fundamental crear un clima en el que sientan que pueden contar lo que ha pasado sin ser juzgados ni culpabilizados. Solo así pedirán ayuda a tiempo y podremos frenar el daño.

Además, cada vez hay más talleres presenciales y online pensados específicamente para la tercera edad, organizados por ayuntamientos, asociaciones, servicios de teleasistencia o instituciones especializadas. Estos cursos ayudan a que pierdan el miedo a la tecnología, aprendan conceptos básicos de seguridad y ganen autonomía paso a paso.

¿Qué hacer si una persona mayor sufre una ciberestafa?

Si pese a todas las precauciones se produce un fallo de seguridad, lo más importante es actuar rápido pero sin entrar en pánico. Lo primero es ayudar a la persona mayor a identificar qué ha pasado exactamente: si ha pulsado un enlace, dado datos por teléfono, instalado algo raro, etc.

A partir de ahí, toca contener el daño: cambiar las contraseñas que puedan haberse visto comprometidas, avisar al banco para que bloquee tarjetas o movimientos sospechosos, revisar el dispositivo con un antivirus y actualizarlo o restaurarlo si es necesario. En algunos casos conviene limpiar también las copias de seguridad para que no vuelvan a introducir el problema al restaurar.

Si hay indicios de delito (fraude económico, suplantación de identidad, amenazas, insultos o acoso a través de Internet), es importante presentar denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por los canales oficiales o en una comisaría. Cuanta más información se aporte (capturas de pantalla, números de teléfono, correos, movimientos bancarios), mejor podrán actuar.

¿Cómo ayudar a los mayores en España?

Para resolver dudas y recibir orientación especializada, en España existe el servicio del INCIBE, que ofrece ayuda gratuita sobre ciberseguridad a través del teléfono 017, disponible todos los días del año en amplio horario. Este recurso es muy útil tanto para las propias personas mayores como para familiares que no tienen claro cómo proceder.

Cuidar la seguridad digital de las personas mayores implica combinar buenos hábitos, herramientas adecuadas y mucho acompañamiento humano. Cuando les explicamos con calma qué riesgos existen, les enseñamos a detectar correos y mensajes sospechosos.

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También, les ayudamos a crear contraseñas fuertes, a usar redes seguras y a configurar sus dispositivos, logramos que puedan seguir disfrutando de las ventajas de Internet mientras reducen de forma notable las probabilidades de caer en manos de ciberdelincuentes y se sienten más seguros y confiados en su día a día. Comparte esta información para que otros usuarios conozcan sobre los riesgos de Internet en personas mayores.