Limitar los FPS en un juego parece, a primera vista, algo contraintuitivo: todo el mundo habla de buscar siempre más frames, más fluidez y más potencia. Sin embargo, cuando entiendes cómo funcionan la gráfica y el monitor juntos, empieza a tener todo el sentido del mundo poner un tope a esos fotogramas. No se trata solo de rendimiento, también de comodidad visual, ruido, consumo y estabilidad.
Además, Windows, los propios juegos, los drivers de NVIDIA y AMD, y herramientas como RivaTuner o MSI Afterburner ofrecen un montón de formas distintas de hacerlo. Elegir bien el método de limitación de FPS y combinarlo con tecnologías como FreeSync, G-Sync o V-Sync marca la diferencia entre una experiencia suave y un festival de tearing, input lag y tirones.
¿Qué son los FPS y por qué tiene sentido limitarlos?
Los FPS (frames per second o fotogramas por segundo) indican cuántas imágenes es capaz de generar y mostrar tu PC cada segundo. En juegos, cuantos más FPS, más fluida es la sensación de movimiento, aunque hay un punto a partir del cual esa mejora es cada vez menos perceptible para el ojo humano.
La historia cambia cuando entra en juego el monitor: la pantalla tiene una tasa de refresco fija (60 Hz, 75 Hz, 120 Hz, 144 Hz, 240 Hz…) que es el número máximo de imágenes que puede enseñar cada segundo. Si tu gráfica está sacando 300 FPS pero el monitor es de 60 Hz, estás “desperdiciando” 240 fotogramas que nunca verás.
En ese escenario, la GPU trabaja como una posesa sin que tú ganes nada en fluidez. Eso se traduce en más consumo, más temperatura, más ruido de ventiladores y menos eficiencia. Especialmente en portátiles o equipos pequeños, limitar FPS puede ser la diferencia entre tener un avión despegando en la mesa o un sistema bastante silencioso.
Cuando la gráfica produce muchos más FPS de los que la pantalla puede enseñar, además, aparece otro problema clásico: el screen tearing (o desgarro de imagen). Es ese efecto en el que ves la parte superior de la pantalla con un fotograma y la parte inferior con otro distinto, como si la imagen se “cortase” por la mitad.
Limitar los FPS ayuda a reducir este fenómeno porque evita que lleguen demasiados fotogramas a un monitor que no da para más, aunque por sí solo no garantiza que desaparezca el tearing: para eso hace falta, además, sincronización adecuada (V-Sync, FreeSync, G-Sync, etc.).
Ventajas y desventajas de limitar los FPS
Limitar la tasa de fotogramas tiene más chicha de la que parece. No siempre es mejor dejar los FPS a lo loco; depende del tipo de juego, del equipo y del monitor.
Una de las grandes ventajas es el ahorro energético y la reducción de temperatura de la GPU. Si bloqueas un título a 60 FPS en un monitor de 60 Hz, la tarjeta deja de renderizar fotogramas inútiles. La carga baja, los ventiladores no van al máximo, la gráfica “sufre” menos y el PC suele trabajar más fresco y silencioso.
Otro punto clave es la estabilidad de la experiencia. Si tu PC se mueve entre 25 y 40 FPS en un juego exigente, bloquear a 30 FPS (aunque parezca más bajo) a veces da una sensación similar a la de consola: menos picos, menos saltos bruscos de fluidez y menos stuttering (tirones).
También influye en el input lag. Aquí hay matices: más FPS suelen reducir la latencia de entrada, pero si para lograr esos FPS la gráfica va muy pasada respecto a la pantalla y necesitas activar V-Sync clásico, puedes ganar tearing cero pero perder inmediatez en los controles. Por eso muchos usuarios avanzados prefieren combinar limitador de FPS con sincronización adaptativa (FreeSync, G-Sync, Fast Sync…) en lugar de solo V-Sync.
Por contra, en juegos competitivos rápidos, como shooters tipo Counter-Strike o similares, muchos jugadores buscan la mayor cantidad de FPS posible incluso con monitores de 144 Hz o más. Aun cuando la pantalla no enseñe todos los fotogramas, el motor del juego y el registro de disparos se benefician de un loop interno más rápido, lo que da la sensación de mejor respuesta, aunque parte sea efecto subjetivo.
En resumen, limitar FPS es muy recomendable para juegos single player, títulos antiguos, portátiles y cuando quieres silencio o estabilidad, mientras que en eSports quizá quieras dejar más margen y ajustar caso por caso.
La importancia de la tasa de refresco del monitor
No todo es cosa de la gráfica: la tasa de refresco de tu monitor define el techo visual. Un monitor de 60 Hz solo puede mostrar 60 FPS, por muy potente que sea tu PC. Un monitor de 144 Hz, en cambio, puede mostrar hasta 144 FPS reales, siempre que la GPU sea capaz de generarlos.
Si tienes un juego funcionando internamente a 120 FPS en un monitor de 60 Hz, la diferencia respecto a 60 FPS suele ser poco visible, pero tu gráfica seguirá trabajando el doble y consumiendo bastante más sin que tú lo aproveches en pantalla.
En monitores de 120 Hz, 144 Hz o 240 Hz la cosa cambia: pueden seguir el ritmo a tasas de FPS muy altas y dan una sensación de fluidez espectacular. Pero si en la configuración del juego limitas los FPS a menos de lo que la pantalla puede mostrar, estarás desaprovechando parte de ese potencial.
Por eso, lo ideal es sincronizar el límite de FPS con la tasa de refresco de tu monitor o con el rango de funcionamiento de tecnologías como FreeSync o G-Sync. Así evitas tearing y obtienes una experiencia visual mucho más agradable.
FreeSync (AMD) y G-Sync (NVIDIA) permiten que el monitor ajuste dinámicamente su frecuencia de refresco a los FPS que saca la GPU. De este modo, si el juego baja a 45 FPS, la pantalla pasa a refrescar a 45 Hz y se mantiene la fluidez sin cortes. Eso sí, estas tecnologías funcionan dentro de un rango concreto (por ejemplo, 48-144 Hz): si tus FPS superan el límite superior, dejan de actuar, de ahí que limitar FPS al máximo de ese rango sea tan importante.
¿Limitar los FPS o dejarlos ilimitados?

No hay una única respuesta válida para todos los casos. La decisión depende del hardware, del tipo de juego y de lo que tú priorices (fluidez extrema, estabilidad, silencio, competitividad, etc.).
Si tienes un PC de gama baja o media y quieres que un juego se mantenga jugable, a veces tiene sentido bloquear la tasa a 30 FPS para que se mantenga lo más estable posible. Pierdes suavidad, pero ganas una sensación más constante, sacrificando algo de calidad por estabilidad.
En un PC de gama alta, con una buena gráfica y buen procesador, puedes permitirte tasas muy altas de FPS. Aun así, si el monitor es de 60 Hz o 75 Hz, dejar la tasa ilimitada suele ser un desperdicio y puede provocar tearing. Ahí lo inteligente es fijar un límite cercano a la frecuencia del monitor o al rango superior de FreeSync/G-Sync.
Si tu monitor soporta G-Sync o FreeSync, la recomendación habitual es activar esa tecnología y, en muchos casos, acompañarla de V-Sync y un límite de FPS ligeramente por debajo del máximo del rango (por ejemplo, 141 FPS en un monitor de 144 Hz). Así evitas tocar el techo del panel, reduces el riesgo de parpadeos y mantienes una experiencia superfina y con input lag contenido.
En cualquier caso, no hay una “configuración mágica” universal. Lo más sensato es probar varias combinaciones según el juego: límite de FPS activado o desactivado, V-Sync on/off, FreeSync/G-Sync activado, y elegir lo que mejor te funcione en tu equipo concreto.
Caso práctico: limitar FPS en Beyond All Reason (BAR)
Algunos juegos tienen particularidades que complican la vida a la hora de limitar FPS. Beyond All Reason (BAR) es un buen ejemplo, especialmente cuando funciona sobre varios ejecutables “encadenados”.
En este título, muchos jugadores con GPU AMD (por ejemplo, una RX 6700 XT) han intentado limitar los FPS desde el driver o desde fuera y solo han conseguido bloquear la tasa en el lobby, pero no dentro de la partida. El resultado: en partida se disparan los FPS (500 o más) y la gráfica suena como una turbina.
La clave está en que BAR funciona sobre el motor Spring, que se ejecuta mediante un ejecutable aparte. Para limitar realmente los FPS en partida es necesario abrir directamente el archivo “spring.exe” que está dentro de la carpeta del juego (algo del estilo: Beyond-All-Reason\data\engine\105.1.1-xxxx-bar, según la versión).
Al arrancar ese “spring.exe” verás una pantalla de lobby sencilla, tipo entorno de pruebas. Desde ahí puedes ir al menú de configuración y buscar la opción VSync. Por defecto suele estar en VSync = -1; hay que ponerla en VSync = 1 para activar la sincronización vertical del motor.
Una vez cambiado ese valor, cierras el ejecutable Spring y vuelves a abrir Beyond All Reason normalmente. A partir de ese momento, el juego respeta ese ajuste de V-Sync interno y ya no tendrás la GPU desbocada a cientos de FPS en medio de la partida.
Métodos para limitar FPS en Windows: orden de prioridades
En Windows 10 y versiones posteriores tienes varias formas de limitar FPS, y no todas son igual de recomendables. En general, el orden ideal es:
- Usar la opción interna del propio juego, si la trae.
- Usar los drivers de la tarjeta gráfica (AMD o NVIDIA).
- Usar software externo (RivaTuner / MSI Afterburner, etc.).
1. Limitar FPS desde las opciones del juego
Siempre que el juego ofrezca la posibilidad, la mejor forma de controlar los FPS es desde sus ajustes internos de vídeo o gráficos. Suele aparecer como “Max FPS”, “Frame rate limit”, “FPS cap” o similar, a menudo cerca de la opción de V-Sync.
El motivo es sencillo: el propio juego tiene control total sobre su game loop. Puede ajustar de forma precisa cada cuánto actualiza la lógica interna y renderiza un nuevo fotograma. Así limita el número de frames que realmente se generan, sin tener que “forzar” nada desde fuera.
Esto suele dar una limitación más eficiente y mejor optimizada que la que consigues interceptando los frames con programas externos o con el driver. Menos consumo innecesario, menos riesgo de bugs raros y, en general, mejor integración.
Los inconvenientes son claros: no todos los juegos incluyen esta opción, y si quieres un límite global para todos tus títulos, tendrás que ir uno a uno configurándolo. Aun así, si tu juego tiene este ajuste, es lo primero que deberías usar.
2. Limitar FPS desde los drivers de la gráfica
Si el juego no ofrece un limitador propio o su implementación es mala, la siguiente parada lógica son los controladores de tu tarjeta gráfica. Los drivers actuales de AMD y NVIDIA incorporan opciones para fijar una tasa máxima de fotogramas, tanto de forma global como por aplicación.
Tarjetas AMD: Radeon Chill como limitador de FPS
AMD integró durante años una función llamada FRTC (Frame Rate Target Control) para limitar FPS, pero la retiró y la sustituyó por Radeon Chill en las versiones modernas del software Radeon.
Radeon Chill no es un “capador” simple de FPS, sino más bien un gestor de umbrales mínimo y máximo de fotogramas. La idea es que cuando el juego está más parado (por ejemplo, si no mueves apenas el ratón) la tasa baje para dar “un respiro” a la gráfica, y cuando la acción se intensifica suba hasta tu techo configurado.
En la práctica, puedes usarlo como limitador fijando un mínimo y un máximo adecuados. Por ejemplo, si tienes FreeSync, puedes poner el mínimo y máximo dentro del rango de refresco del monitor para garantizar que siempre operas dentro de ese margen cómodo.
Para activarlo:
- Abre el software de AMD Radeon (desde el menú inicio o con clic derecho en el escritorio).
- Entra en el apartado “Juegos”.
- Decide si quieres aplicar una configuración global o un perfil por juego concreto.
- Activa Radeon Chill y ajusta los FPS mínimos y máximos deseados.
Ten en cuenta que son valores objetivo: si tu PC no puede llegar al mínimo que pongas, no va a generar milagros, simplemente se quedará por debajo. Y un detalle algo pesado: cuando cambias el límite con Chill, normalmente tienes que cerrar y volver a abrir el juego para que se apliquen bien los cambios.
Tarjetas NVIDIA: límite de fotogramas desde el Panel de control
NVIDIA incorporó su propio limitador a nivel de driver a principios de 2020. Desde entonces puedes fijar un máximo de FPS tanto globalmente como por juego, con bastante precisión.
Para usarlo:
- Abre el Panel de control de NVIDIA (clic derecho en escritorio o buscándolo en Inicio).
- Ve a “Configuración 3D” → “Controlar la configuración 3D”.
- Elige si quieres aplicar una Configuración global (para todo) o de programa específico (para un juego).
- Busca la opción “Velocidad máxima de fotogramas” y establece el límite que quieras.
Este limitador es bastante directo y funciona bien, con un comportamiento muy similar al de un cap interno del juego, aunque siempre con el matiz de ir desde el driver. Igual que con AMD, si quieres cambiar el valor durante una partida tendrás que salir del juego, ajustar y volver a entrar.
3. Usar software externo: RivaTuner y MSI Afterburner
Si por lo que sea no puedes usar el limitador interno del juego ni el de los drivers (porque no existe, porque da problemas o porque quieres un control muy fino), la alternativa más popular es usar herramientas externas, sobre todo RivaTuner Statistics Server (RTSS), a menudo junto con MSI Afterburner.
RTSS es un clásico en el mundillo del hardware para monitorizar el rendimiento y mostrar OSD en pantalla, y viene incluido en la instalación de MSI Afterburner. Una de sus funciones más útiles es precisamente el campo “Framerate limit”, con el que puedes fijar un tope exacto de FPS.
Al emplearlo:
- Abre MSI Afterburner y asegúrate de que RTSS está instalado.
- Desde el icono de RTSS en la bandeja del sistema, abre su ventana de configuración.
- Localiza el campo “Framerate limit” y escribe el número de FPS que quieras, o ajústalo con las flechas.
- Opcionalmente, marca “Start with Windows” si quieres que el limitador se aplique siempre al arrancar el sistema.
Una ventaja enorme de RTSS frente a las opciones de AMD/NVIDIA es que puedes subir o bajar el límite de FPS mientras estás dentro del juego y ver el efecto al momento, sin tener que cerrar nada.
MSI Afterburner también permite configurar teclas rápidas para activar, desactivar o conmutar el limitador de FPS sobre la marcha. En el panel de propiedades, en la pestaña de “Información en pantalla”, tienes el bloque “Framerate limiter compatibility properties” donde puedes asignar teclas a “Toggle”, “Enable” o “Disable framerate limiter”.
Eso sí, no todo es perfecto. RTSS puede interferir con algunos programas de captura/streaming, como OBS, y en ciertos títulos muy quisquillosos conviene activar el modo “Stealth mode” de RivaTuner para que el juego no detecte el hook y evitar conflictos o posibles bloqueos.
Sobre el input lag, se ha discutido mucho: RTSS puede añadir algo de latencia, pero en la práctica suele ser comparable a lo que introducen las opciones de driver. La clave está, como siempre, en combinarlo bien con sincronización adaptativa o con V-Sync desactivado según el caso.
FreeSync, V-Sync, G-Sync y su combinación con limitadores de FPS
V-Sync clásico
V-Sync fue la primera gran solución para eliminar el tearing: sincroniza la salida de la GPU con la frecuencia fija del monitor. Si tu pantalla es de 75 Hz, el juego no pasará de 75 FPS, y se coordina el envío de fotogramas para que no haya cortes.
Su gran problema es el input lag. Al obligar a esperar al monitor, si la GPU no llega bien a la tasa de refresco, aparecen microparones y una sensación de control “gomosa”. Por eso, hoy en día se suele evitar como solución única, optando por tecnologías más modernas salvo que no quede otra.
FreeSync, G-Sync y Fast Sync
FreeSync (AMD) y G-Sync (NVIDIA) son tecnologías de sincronización adaptativa por hardware que permiten que el monitor cambie su frecuencia de refresco en tiempo real para acompasar los FPS de la GPU. El resultado es un movimiento suavísimo y sin tearing, incluso cuando la tasa de fotogramas varía.
Estas tecnologías funcionan en rangos de FPS concretos. Por ejemplo, un monitor FreeSync puede funcionar entre 48 y 144 Hz. Si el juego se mueve dentro de ese rango, la experiencia es espectacular; si se sale por arriba, el panel se queda fijo y vuelves a estar expuesto a tearing o a recurrir a V-Sync.
Por eso mucha gente recomienda limitar los FPS al máximo del rango de FreeSync/G-Sync (o un par de FPS por debajo). Por ejemplo, si el rango es 48-144 Hz, fijar el límite en 141-142 FPS para que nunca se supere y el modo adaptativo siempre esté activo.
En el ecosistema NVIDIA también aparece Fast Sync, que es una opción de sincronización pensada para altas tasas de FPS. No funciona igual que G-Sync, pero puede ayudar a reducir tearing con menos lag que el V-Sync convencional, sobre todo cuando combinas un buen límite de FPS con muchos frames disponibles.
Cómo limitar FPS específicamente con MSI Afterburner + RivaTuner
Además del método directo desde RTSS, MSI Afterburner da mucho juego si quieres controlar y alternar limitadores de FPS de forma cómoda mientras monitorizas temperaturas, uso de CPU/GPU, etc.
El flujo básico sería:
- En MSI Afterburner, abre la ventana de propiedades (icono de rueda dentada).
- Ve a la pestaña “Información en pantalla”.
- Al final, localiza “Framerate limiter compatibility properties” y asigna teclas rápidas a “Toggle”, “Enable” y/o “Disable framerate limiter”.
- Pulsa el botón “Más” para abrir la configuración de RivaTuner.
- En RTSS, ajusta “Framerate limit” al valor deseado.
- Cierra la ventana de RTSS, y en MSI Afterburner aplica y acepta los cambios.
Desde ese momento podrás activar o desactivar la limitación en plena partida con la tecla que hayas elegido, y comprobar al instante cómo cambian las temperaturas y el uso de la GPU/CPU.
En pruebas reales con juegos exigentes como Shadow of the Tomb Raider, al activar un límite de FPS razonable la carga de la GPU llega a bajar a la mitad y la CPU se relaja notablemente. Esto implica menos consumo, menos calor y un equipo mucho más silencioso, sin perder fluidez visible si has elegido bien el valor del límite.
Si además acompañas esa limitación con un downclock ligero de la tarjeta gráfica y una curva de ventiladores más suave, puedes conseguir un PC tremendamente eficiente y silencioso para sesiones largas, sobre todo en títulos donde pasarse de FPS no te aporta gran cosa.
Combinando todo lo anterior —opciones internas del juego, capacidades de los drivers de AMD y NVIDIA, tecnologías de sincronización como FreeSync o G-Sync, y herramientas como RivaTuner o MSI Afterburner— puedes ajustar los FPS de cada juego a tu gusto, reduciendo tearing, stuttering y ruido sin renunciar a una buena experiencia visual. Al final, se trata de encontrar el punto dulce entre rendimiento, estabilidad y comodidad para tu equipo concreto y la forma en la que te gusta jugar. Comparte esta información y más personas sabrán cómo limitar los FPS en sus juegos.