Si alguna vez te has planteado instalar un juego exigente, cambiar un componente o vender tu ordenador, seguro que te has visto con la duda: “¿qué lleva exactamente mi PC por dentro?”. Aunque al comprar el equipo solemos fijarnos en procesador, RAM o disco, con el tiempo es muy fácil olvidarlo. Por suerte, Windows 10 y Windows 11 ofrecen un montón de especificaciones a consultar sin necesidad de ser un experto en informática.
Conocer bien las especificaciones de tu PC no es solo curiosidad: marca la diferencia entre tener un equipo fluido y uno que se arrastra, entre instalar un programa sin problemas o descubrir tarde que tu ordenador no lo soporta. En las siguientes secciones vas a ver, paso a paso, cómo consultar todos los detalles desde la propia Configuración de Windows, qué otras herramientas del sistema puedes usar, qué programas externos son útiles y qué información concreta deberías mirar para tomar buenas decisiones.
¿Por qué es tan importante conocer las especificaciones de tu PC?
Antes de entrar al detalle de los menús, conviene tener claro por qué interesa tanto saber qué hardware y qué sistema operativo tienes. No es solo una cuestión técnica; te afecta en el día a día.
Por un lado está la compatibilidad de software y juegos. Cada aplicación y cada videojuego viene con unos requisitos mínimos y recomendados de procesador, memoria RAM, tarjeta gráfica, espacio en disco y versión de Windows. Si no sabes qué lleva tu PC, es fácil gastar dinero en un juego o programa que después va a ir a trompicones… o directamente ni siquiera arrancará.
Además, conocer las especificaciones te ayuda a optimizar el rendimiento y detectar cuellos de botella. Por ejemplo, puedes tener una buena CPU pero poca RAM, o un SSD rapidísimo con una gráfica muy justa. Saber qué componente se queda corto te permite decidir qué actualizar para que el equipo vaya fino sin malgastar dinero.
También es clave para la planificación de actualizaciones o ampliaciones. Si tu PC empieza a ir lento, quizá baste con poner más memoria, cambiar el disco duro por un SSD o montar una gráfica mejor, en vez de comprar un ordenador nuevo. Para eso debes saber exactamente qué placa base tienes, qué tipo de RAM admite, qué ranuras libres quedan, etc.
Otro punto nada menor es la solución de problemas y el soporte técnico. Si tienes que llamar al servicio técnico, abrir un hilo en un foro o pedir ayuda a alguien, lo primero que te van a preguntar es: modelo de procesador, cantidad de RAM, qué GPU usas, qué versión de Windows tienes, si se trata de un equipo de sobremesa o un portátil concreto, etc.
Por último, las especificaciones influyen en cosas como el valor de reventa del equipo y la elección de periféricos. A la hora de vender un PC de segunda mano, dar una lista clara de CPU, RAM, GPU, tipo y capacidad de disco y versión de Windows es prácticamente obligatorio. Y si vas a comprar un monitor, una impresora, un adaptador WiFi o cualquier otro accesorio, también necesitas saber qué tienes para asegurarte de que será compatible.
¿Qué especificaciones son realmente importantes?
Cuando hablamos de “ver las especificaciones completas” hay muchos datos posibles, pero para la mayoría de usuarios hay un grupo de parámetros que son los que mandan y que conviene tener controlados porque determinan la potencia, la compatibilidad y la vida útil del PC.
En primer lugar está el procesador o CPU, el “cerebro” del sistema. Su marca, modelo, número de núcleos, hilos y frecuencia marcan mucho lo que el ordenador es capaz de hacer, sobre todo en tareas pesadas como edición de vídeo, renderizado 3D o juegos recientes.
La memoria RAM es igualmente clave. Cuanta más RAM tengas y más rápida sea, más programas podrás tener abiertos a la vez sin que el equipo se arrastre. Hoy en día, 8 GB es el mínimo razonable para un uso medio, mientras que 16 GB dan margen para multitarea exigente y gaming.
Otra pieza fundamental es la tarjeta gráfica o GPU. Puede ser integrada en el procesador (suficiente para uso básico, ofimática, navegación y vídeo) o dedicada, montada en una tarjeta aparte. Para juegos, diseño, edición de vídeo o aplicaciones 3D, la potencia de la GPU es tanto o más importante que la de la CPU.
El almacenamiento también cuenta mucho. No es lo mismo un disco duro mecánico (HDD), más barato pero lento, que una unidad de estado sólido (SSD), mucho más rápida en arranque, carga de programas y copia de archivos. Además interesa saber cuánto espacio total tienes y cuánto queda libre.
No hay que olvidar el sistema operativo y su versión. Saber si tu sistema es de 32 o 64 bits, qué edición de Windows usas (Home, Pro, etc.) y qué compilación o versión exacta tienes instalado afecta tanto a la compatibilidad de software como a la seguridad y a la posibilidad de recibir actualizaciones.
Por debajo de todo ello está la placa base, que determina el tipo de procesador compatible, cuánta RAM máxima puedes montar, qué ranuras de expansión tienes o qué tipo de almacenamiento admite. No es el dato que más miran los usuarios básicos, pero es imprescindible a la hora de planear ampliaciones.
Finalmente, también es útil saber detalles como la GPU integrada o dedicada, las unidades conectadas, los periféricos detectados, la red o los datos de la BIOS, sobre todo si vas a hacer diagnósticos o ajustes más avanzados.
¿Cómo ver las especificaciones desde Configuración de Windows 10 y Windows 11?
La forma más sencilla, visual y “para todos los públicos” de consultar las características del equipo es usar la propia aplicación de Configuración de Windows, que viene integrada tanto en Windows 10 como en Windows 11.
En ambos sistemas los pasos son muy parecidos: primero abre el menú Inicio y pulsa en el icono del engranaje para entrar en Configuración. Una vez dentro, entra en el apartado Sistema, que suele aparecer el primero en la lista de la barra lateral izquierda.
En Windows 10, dentro de Sistema tienes que bajar en el menú de la izquierda hasta la opción “Acerca de”. Ahí se muestran las especificaciones del dispositivo y las de Windows: modelo y frecuencia del procesador, memoria RAM instalada, tipo de sistema (32 o 64 bits), nombre del equipo, compatibilidad con entrada táctil, edición de Windows, versión, compilación y fecha de instalación.
En Windows 11 el camino es prácticamente el mismo, solo que la sección se llama “Acerca de” o “Información” según la versión. El resultado es parecido: verás la CPU, RAM, identificadores del dispositivo, tipo de sistema y más abajo los detalles de la instalación de Windows 11 (edición, versión, experiencia del sistema, etc.).
Esta pantalla es muy práctica porque en un solo vistazo puedes comprobar los datos básicos para saber si cumples los requisitos de un programa, ver si llevas la última versión de Windows y averiguar el nombre exacto del equipo para cambiarlo si quieres o para identificarlo en la red.
Ver el hardware desde el Panel de control y otros menús clásicos

Si prefieres las herramientas de toda la vida, Windows sigue manteniendo el clásico Panel de control, desde donde también puedes ver información importante de tu sistema, sobre todo en Windows 10.
Para abrirlo, escribe “panel de control” en la barra de búsqueda junto al botón de Inicio y entra. Una vez dentro, ve a Sistema y seguridad y después a Sistema. En esa ventana se muestran datos como el procesador, la memoria RAM instalada, el tipo de sistema y alguna información de activación.
Otra zona muy útil es el Administrador de dispositivos, donde aparecen listados todos los componentes y periféricos conectados al PC. Puedes abrirlo desde el menú contextual del botón de Inicio o buscando “Administrador de dispositivos” en la barra de búsqueda.
Dentro del Administrador de dispositivos verás categorías como “Adaptadores de pantalla”, “Unidades de disco”, “Controladoras de red”, “Dispositivos de sonido” y muchas más. Desplegando cada una de ellas puedes ver el modelo exacto de GPU, la marca y modelo de cada disco, el adaptador WiFi que usas, etc. Es una herramienta muy útil cuando quieres saber el nombre preciso de una tarjeta gráfica, de sonido o de red para buscar controladores.
¿Cómo obtener información detallada con Información del sistema?
Si lo que quieres es un resumen muy completo de prácticamente todo el hardware y buena parte del software de tu PC, la herramienta más potente integrada en Windows es Información del sistema (msinfo32).
Para abrirla, basta con escribir “Información del sistema” en la barra de búsqueda de Windows y pulsar sobre el resultado, o bien abrir la ventana Ejecutar con Win + R, escribir msinfo32 y aceptar. Se abrirá una ventana llena de datos organizados en un árbol lateral.
En la sección “Resumen del sistema” encontrarás de un vistazo la mayoría de datos que suelen pedirse: fabricante y modelo del equipo, tipo y modelo de procesador, cantidad de RAM, tipo de BIOS o UEFI, versión y compilación exacta de Windows, modo de arranque, etc.
Si despliegas los apartados de la izquierda verás categorías como “Recursos de hardware”, “Componentes” y “Entorno de software”. Dentro de cada una hay subapartados: conflictos de hardware, memoria, dispositivos de sonido, pantalla, almacenamiento, red, controladores de sistema, servicios, programas de inicio, informes de errores de Windows y un largo etcétera.
Esta utilidad es especialmente interesante para usuarios avanzados porque permite localizar detalles muy concretos, como el modelo exacto de la placa base, el tipo de memoria instalada, la versión de BIOS, los controladores cargados o incluso dispositivos que estén dando problemas.
Usar Símbolo del sistema y PowerShell para ver especificaciones
Si no te asusta una ventana en negro o azul llena de texto, también puedes consultar las características de tu PC usando Símbolo del sistema (CMD) o PowerShell, algo muy práctico si quieres copiar y pegar resultados, automatizar o filtrar información.
En el caso de CMD, abre el menú Inicio, escribe “cmd” o “Símbolo del sistema” y ejecútalo (si quieres, como administrador para tener permisos extra). En la ventana que se abre, escribe el comando systeminfo y pulsa Enter. Tras unos segundos aparecerá un listado completo con datos del sistema operativo, fabricante, modelo, procesador, RAM, dominio, tipo de arranque, actualizaciones instaladas y más.
Si usas PowerShell, que es la versión más moderna y potente, puedes abrirlo desde el menú Inicio escribiendo “PowerShell” y cargando la aplicación. Una vez dentro, el comando más completo es Get-ComputerInfo, que genera una lista muy extensa de propiedades del sistema: nombre del equipo, versión de Windows, arquitectura, datos de la BIOS, información de hardware y más.
Una ventaja de PowerShell es que permite filtrar sólo lo que te interesa usando propiedades concretas. Por ejemplo, puedes usar un comando del tipo Get-ComputerInfo -Property «CsName, OsName, OsVersion» para limitar la salida al nombre del equipo y la información básica del sistema operativo.
Ver especificaciones desde Configuración en Windows 11 paso a paso
En muchos equipos nuevos ya viene instalado Windows 11, así que conviene ver con algo más de detalle el procedimiento específico para este sistema cuando quieres consultar desde la app de Configuración las especificaciones completas del PC.
Lo primero es hacer clic en el icono de Windows de la barra de tareas para abrir el menú Inicio. Ahí, busca y entra en la app Configuración, que lleva el icono de un engranaje. También puedes abrirla usando el atajo Win + I.
En la columna izquierda de Configuración, elige la sección Sistema. Verás en la parte central distintas opciones: Pantalla, Sonido, Notificaciones, Almacenamiento, etc. Baja hasta el final de la lista y pulsa en “Acerca de”, donde se agrupa la información del dispositivo y de Windows.
Dentro de ese apartado encontrarás, en el bloque de “Especificaciones del dispositivo”, datos como el nombre del equipo, el procesador instalado, la cantidad de RAM, el identificador del dispositivo y el tipo de sistema (por ejemplo, sistema operativo de 64 bits, procesador basado en x64). En el bloque inferior de “Especificaciones de Windows” verás la edición, la versión, la fecha de instalación y la compilación del sistema.
Esta sección es especialmente útil cuando necesitas comprobar si tu Windows 11 está actualizado, qué edición tienes para activar ciertas funciones o si tu equipo admite determinadas aplicaciones o experiencias (por ejemplo, algunas funciones de seguridad o de virtualización dependen de la edición y versión).
Otras herramientas de Windows para conocer el hardware
Además de Configuración, Panel de control, Información del sistema, CMD y PowerShell, Windows trae varias utilidades pensadas tanto para diagnosticar problemas como para obtener información de CPU, RAM, disco, GPU y red.
Una de las más conocidas es la Herramienta de diagnóstico de DirectX (DxDiag). Puedes abrirla lanzando la ventana Ejecutar con Win + R, escribiendo dxdiag y aceptando. Tras unos segundos se abrirá una ventana con varias pestañas: Sistema, Pantalla, Sonido y Entrada.
En la pestaña Sistema verás un resumen general con la versión de Windows, el modelo del equipo, el procesador, la memoria, la versión de DirectX y demás. En la pestaña Pantalla (o “Pantalla 1”, “Pantalla 2” si tienes varios monitores) aparecen los datos de la GPU: nombre de la tarjeta, fabricante, tipo de chip, memoria dedicada, memoria compartida, tipo de controlador y versión. Es una forma muy rápida de comprobar si tu gráfica cumple con lo que pide un juego o si tienes GPU dedicada o iGPU.
El Administrador de tareas es otra joya para ver especificaciones sin instalar nada. Abre el Administrador de tareas con Ctrl + Shift + Esc (o Ctrl + Alt + Supr y seleccionando la opción) y ve a la pestaña “Rendimiento”. Ahí encontrarás gráficos y datos en tiempo real para CPU, Memoria, Disco, Wi-Fi/Ethernet y GPU.
En CPU podrás ver el modelo exacto de procesador, la velocidad base, el número de núcleos e hilos, el porcentaje de uso y el tiempo activo. En Memoria verás cuánta RAM tienes, cuánto se está utilizando y qué tipo es (por ejemplo DDR4, velocidad en MHz, ranuras usadas).
El Disco, el tipo de unidad (HDD o SSD), la capacidad total y la carga de trabajo. En Wifi/Ethernet, el adaptador de red, la velocidad de enlace, intensidad de la señal, etc. Y en la sección de GPU se muestra el nombre de la tarjeta gráfica, el uso actual, la memoria dedicada y compartida, la versión del controlador y la versión de DirectX soportada.
Para la memoria RAM en concreto, Windows 10 y 11 incluyen además la herramienta “Diagnóstico de memoria de Windows”. La puedes ejecutar desde la ventana Ejecutar escribiendo mdsched.exe. El sistema te pedirá reiniciar para analizar la memoria sin interferencias y, tras el reinicio, realizará una serie de pruebas y mostrará si ha encontrado errores. Esto viene muy bien cuando sospechas que la RAM está fallando porque el equipo se cuelga o reinicia solo.
Otra utilidad avanzada es el comando perfmon /report, que se lanza también desde Ejecutar. Con él, Windows genera un informe detallado de rendimiento y estado del sistema: CPU, disco, memoria, red, configuración de software, controladores, etc. Es muy útil para diagnósticos más serios, ya que marca advertencias y posibles problemas que podrían estar afectando al rendimiento.
Herramientas externas para ver aún más detalles del PC
Si las utilidades de Windows se te quedan cortas o quieres una visión de conjunto muy cómoda, existen muchas aplicaciones de terceros diseñadas expresamente para mostrar todas las especificaciones del PC y monitorizar el hardware.
Una de las más populares es CPU-Z, un programa ligero y gratuito que recopila y muestra datos de CPU, placa base, memoria y más, organizados por pestañas. Entre otras cosas, enseña el modelo exacto de procesador, la familia, el número de núcleos e hilos, las frecuencias reales, el tipo y velocidad de la RAM, los módulos instalados (SPD) y detalles de la placa base.
Otra utilidad muy conocida es Speccy, que destaca por su interfaz clara y por ofrecer de un vistazo la información principal: procesador, memoria, placa base, tarjeta gráfica, discos, sistema operativo y temperaturas. Además, permite guardar informes en texto o XML para compartirlos o guardarlos.
Si quieres algo aún más avanzado, AIDA64 Extreme ofrece un nivel de detalle enorme: identificación de todos los componentes, sensores en tiempo real (voltajes, temperaturas, velocidad de ventiladores), pruebas de estabilidad y benchmarks. Tiene versión de pago, aunque existe una edición limitada gratuita que ya da bastante información.
Para quien prefiera tener todo visible en pantalla mientras trabaja, Sidebar Diagnostics muestra en una barra lateral datos como uso de CPU, carga y temperatura de la GPU, memoria en uso, carga del disco, etc. Es muy práctico para vigilar el estado del equipo sin tener que abrir ventanas grandes.
Otra herramienta completa y muy apreciada es HWInfo. Ofrece un escaneo extensivo del hardware, con posibilidad de mostrar la información en una lista clásica o en una vista con sensores, gráficas y monitorización en tiempo real. Puedes usarlo como programa instalado o en versión portable, y es ideal para ver en un único panel CPU, GPU, discos, RAM, sensores de temperatura y más.
Más allá del hardware general, también hay utilidades especializadas. CrystalDiskInfo, por ejemplo, se centra en el estado de los discos: te muestra temperatura, horas de uso, recuento de sectores reasignados, estado de salud y otros datos S.M.A.R.T. Tanto en discos duros como en SSD y hasta unidades USB, es muy útil para saber si conviene ir pensando en reemplazar el disco antes de que falle.
Otra herramienta interesante es ESET SysInspector, que realiza un análisis profundo del sistema y presenta una “foto” de procesos, controladores, configuración de red, etc., organizada por niveles de riesgo con colores. No solo sirve para ver hardware, también ayuda a detectar posibles conflictos, malware o problemas de configuración. Se ejecuta desde un único archivo, sin necesidad de instalación, por lo que se puede llevar en un pendrive.

Comprobar la CPU, GPU, RAM y almacenamiento en detalle
Más allá de saber dónde ver la información, conviene tener claro qué deberías mirar exactamente en cada componente para interpretar los datos y aprovecharlos bien.
En la CPU, lo mínimo es fijarse en marca, familia, modelo y frecuencia. Por ejemplo: Intel Core i5-1235U o AMD Ryzen 5 5600X, con una velocidad base (en GHz) y, según el modelo, una frecuencia turbo. El número de núcleos e hilos indica cuántas tareas puede manejar en paralelo. Si usas software de edición de vídeo, modelado 3D o máquinas virtuales, viene muy bien que el procesador tenga muchos núcleos y buena frecuencia.
En la GPU, además del nombre (por ejemplo NVIDIA GeForce RTX 3060 o AMD Radeon RX 6600) interesa la cantidad de memoria de vídeo (VRAM), el tipo de memoria y la compatibilidad con tecnologías concretas como DirectX 12, Vulkan o DLSS en el caso de NVIDIA. Esto lo puedes ver en DxDiag, en el Administrador de dispositivos o con herramientas como CPU-Z, Speccy o HWInfo.
Respecto a la RAM, fíjate en la cantidad total instalada, el tipo (DDR3, DDR4, DDR5), la velocidad en MHz y cuántas ranuras están ocupadas. Desde el Administrador de tareas (pestaña Rendimiento > Memoria) se ve gran parte de esta información, y en Información del sistema o herramientas externas puedes ir todavía más al detalle para saber el modelo exacto de cada módulo.
En almacenamiento, lo más importante es saber si tu unidad principal es HDD o SSD, la capacidad total, el espacio libre y el estado de salud. Desde el Explorador de archivos puedes ver el espacio disponible y desde Información del sistema o Administrador de dispositivos el tipo de unidad. CrystalDiskInfo es perfecto para consultar su estado, temperatura y posibles fallos inminentes.
Comprobar el hardware desde la BIOS y otros métodos adicionales
Si tu equipo no arranca bien o quieres comprobar algunos datos a bajo nivel, también es posible acceder a información básica del hardware desde la BIOS o UEFI. Eso sí, aquí hay que ir con cuidado, porque tocar opciones sin saber puede dejar el sistema inestable o impedir que arranque.
Para entrar en la BIOS normalmente hay que reiniciar el PC y pulsar una tecla concreta durante el arranque, como Supr, F2, F10 o Esc (en portátiles, a veces combinada con Fn). Cada fabricante tiene su propia tecla y su propia interfaz, así que es buena idea consultar el manual o la web del fabricante.
Dentro de la BIOS/UEFI suele aparecer en la pantalla principal el modelo de la placa base, la versión de BIOS, el procesador instalado, la cantidad de RAM y las unidades conectadas. Algunas BIOS muestran además las velocidades de reloj, temperaturas y voltajes en tiempo real.
Otro método que muchas personas pasan por alto es comprobar las etiquetas o placas de identificación del equipo. En torres de sobremesa y en muchos portátiles, el fabricante pega una etiqueta donde figura el modelo exacto, número de serie y a veces una configuración base de CPU, RAM y disco. También puedes encontrar parte de esos datos en la factura de compra o en la documentación original.
¿Para qué te sirve toda esta información en el día a día?
Llegados a este punto quizá te preguntes qué haces con tanta información. Lo interesante es que, una vez que dominas estas herramientas, puedes resolver situaciones habituales con mucha más seguridad y rapidez.
Cuando quieras instalar un juego o un programa pesado, podrás comparar sus requisitos mínimos y recomendados con tus especificaciones reales y decidir si te compensa instalarlo. Si el juego pide 16 GB de RAM y tú tienes 8, ya sabes que tendrás que reducir ajustes gráficos, cerrar programas en segundo plano o incluso plantearte ampliar memoria.
Si notas que el equipo va más lento, se bloquea o se reinicia solo, podrás usar estas herramientas para ver el uso de CPU, memoria y disco, comprobar la temperatura de los componentes con utilidades externas, ejecutar el diagnóstico de memoria, revisar el estado de los discos y ver si hay algún componente que falla o que se queda corto.
En el caso de que quieras alargar la vida de un PC veterano sin gastar de más, tener claras las especificaciones actuales es básico para saber qué merece la pena actualizar: quizá poner un SSD en lugar del viejo HDD, ampliar la RAM hasta el máximo que soporte la placa base o montar una gráfica algo mejor si el procesador aún da la talla.
Incluso si decides cambiar de equipo, conocer bien tu máquina actual te permite comparar de forma sensata las configuraciones de los nuevos PCs o portátiles del mercado. Sabrás si realmente estás dando un salto importante de potencia o si lo que te venden es casi lo mismo con otro envoltorio.
Dominar las herramientas de Windows para ver especificaciones y apoyarte en algunas utilidades externas te da un control total sobre tu PC: sabrás qué tienes, qué puedes hacer con ello, cuándo te compensa actualizar y cómo detectar problemas de rendimiento o compatibilidad antes de que se conviertan en un quebradero de cabeza. Comparte la información para que otros usuarios sepan del tema.