Seguro que te suena que el mundo tecnológico avanza a pasos agigantados, pero hay un proceso silencioso que está ocurriendo ahora mismo y que podría dejar a muchos colgados: el cierre progresivo de las redes 2G y 3G. Para el usuario medio que ha renovado su móvil hace un par de años, esto puede parecer ruido lejano, pero para quienes gestionan infraestructuras tecnológicas o redes globales de objetos conectados, el reloj está corriendo peligrosamente hacia la medianoche.
No estamos hablando de una simple actualización de software, sino de un desmantelamiento físico de antenas y frecuencias. Este fenómeno, que algunos ya comparan con un efecto 2000 en versión real, implica que cualquier equipo que dependa exclusivamente de estas tecnologías antiguas dejará de comunicarse con el exterior, convirtiéndose básicamente en un pisapapeles caro de la noche a la mañana.
¿Por qué se decide apagar estas redes?

La razón principal es que el espectro radioeléctrico es un recurso limitado y carísimo. Los operadores no pueden permitirse mantener encendidas tecnologías ineficientes cuando el despliegue del 5G y el 4G requiere esas mismas bandas de frecuencia (como las de 900 y 2.100 MHz) para ofrecer mayor velocidad y cobertura, especialmente en el mundo rural. Mantener la infraestructura 2G y 3G es costoso, consume más energía y es mucho más vulnerable a nivel de seguridad que los estándares actuales.
El impacto real en el sector IoT y M2M

Mientras que un smartphone moderno es políglota y se conecta a casi cualquier red, los dispositivos de Internet de las Cosas (IoT) suelen ser mucho más rígidos. Muchas de las primeras implementaciones de comunicación máquina a máquina (M2M) se diseñaron para funcionar solo con 2G o 3G. El problema es que estos equipos tienen ciclos de vida larguísimos; no es lo mismo cambiar un Kindle que sustituir miles de contadores inteligentes de electricidad o sensores industriales instalados en sótanos.
- Sistemas de teleasistencia: Muchos dispositivos para personas mayores siguen usando 2G por su sencillez.
- Alarmas domésticas: Equipos antiguos que notifican intrusiones vía SMS o llamadas básicas.
- Datáfonos: En zonas remotas, el 2G sigue siendo el único salvavidas para procesar pagos.
El gran quebradero de cabeza: los ascensores y el eCall

Aquí es donde la cosa se pone fea. En países como España y Alemania, hay un volumen ingente de ascensores que dependen del 2G para cumplir la normativa de comunicación bidireccional con centros de rescate. Si el sistema no puede realizar su autotest cada 72 horas porque la red ha desaparecido, el ascensor podría quedar fuera de servicio legalmente, suponiendo un riesgo grave. España es, de hecho, el país europeo con más ascensores instalados, y una parte masiva de ellos tiene más de dos décadas de antigüedad.
Por otro lado, tenemos el sistema eCall de los vehículos. Obligatorio en la UE desde 2018, este dispositivo llama automáticamente al 112 en caso de accidente. El drama es que muchos coches fabricados incluso entre 2022 y 2024 siguen usando módulos 2G/3G para estas llamadas. Para solucionar esto, marcas como CUPRA están implementando actualizaciones inalámbricas (OTA) o migrando a servicios de eCall privados, pero para los vehículos más viejos, la solución podría pasar por un cambio físico del módulo de comunicaciones, algo costoso y complejo.
Calendario del apagón: ¿Cuándo ocurre en cada lugar?

El cierre no es uniforme, es más bien un mosaico. Países como Estados Unidos, Suiza, Australia o los Países Bajos ya han dado el paso y han desconectado gran parte de estas redes. En la Unión Europea, la tendencia es apagar primero la 3G y dejar la 2G como red de seguridad para servicios críticos durante un tiempo extra.
- España: Se prevé que la 3G desaparezca progresivamente hasta 2027, mientras que la 2G podría resistir hasta 2030 para evitar el colapso de servicios vitales.
- Alemania: La 3G ya murió en 2021. La 2G tiene previsto su cierre general hacia 2028, aunque algunas aplicaciones críticas podrían tener un respiro hasta 2031.
- Otros países: Noruega y Suecia han sido muy agresivos, eliminando ambas tecnologías hacia finales de 2025.
Soluciones para no quedarse desconectado
Si gestionas hardware, lo primero es revisar si tus dispositivos soportan VoLTE (Voice over LTE). Hay una trampa común: muchos equipos dicen ser 4G, pero usan el 4G solo para datos y recurren al 2G para la voz. Cuando el 2G caiga, esos equipos perderán la capacidad de hacer llamadas aunque tengan señal de datos. La apuesta segura hoy en día es migrar hacia tecnologías LPWAN como NB-IoT (Narrowband IoT) o LTE-M, que consumen poquísima energía y tienen una penetración brutal en interiores.
Para las empresas, lo ideal es utilizar SIMs multitecnología que permitan saltar entre 2G, 3G y 4G según la disponibilidad del país, asegurando que el hardware sea compatible con los nuevos estándares. La actualización del firmware o el cambio de módem son las únicas salidas reales para evitar que la inversión en infraestructura se convierta en chatarra tecnológica.
La transición hacia el 4G, 5G y las redes de bajo consumo es inevitable para liberar espacio radioeléctrico y mejorar la eficiencia global. Aunque el proceso sea gradual y varíe según la geografía, la dependencia de redes obsoletas pone en riesgo servicios de emergencia y procesos industriales. La clave reside en auditar el hardware actual y ejecutar planes de migración hacia VoLTE y LPWAN antes de que las antenas antiguas se apaguen definitivamente.