Google Chrome cierra definitivamente la etapa Manifest V2

  • Google ha retirado todas las extensiones basadas en Manifest V2 de la Chrome Web Store, incluida uBlock Origin.
  • Manifest V3 limita el bloqueo dinámico y el número de reglas de filtrado, reduciendo la eficacia de los bloqueadores de anuncios.
  • Las extensiones MV2 solo seguirán funcionando en versiones antiguas de Chrome (hasta la 138) y dejarán de actualizarse.
  • Firefox y Brave se consolidan como alternativas para mantener bloqueadores avanzados como uBlock Origin completo.

Extensiones Chrome Manifest V2

Google ha puesto punto final a la antigua arquitectura de extensiones de su navegador: Manifest V2 ha desaparecido de la Chrome Web Store y todas las extensiones que seguían basándose en este sistema han sido eliminadas del catálogo oficial. El movimiento afecta tanto a los usuarios de Chrome como a quienes utilizan otros navegadores construidos sobre Chromium que dependen de la tienda de Google para instalar complementos.

El cambio no llega de golpe, sino como la última parada de un proceso de varios años que culmina con la retirada definitiva de las extensiones Manifest V2. A partir de ahora, el único formato aceptado en la tienda es Manifest V3, una especificación que modifica de raíz cómo funcionan los bloqueadores de anuncios, los gestores de privacidad y muchas herramientas avanzadas que durante años han acompañado a millones de usuarios en su día a día.

Fin de Manifest V2: qué ha hecho Google exactamente

Con este último paso, Google ha completado la transición que ya había anunciado en su propia página de deprecación: las extensiones basadas en Manifest V2 se han borrado de la Chrome Web Store, de modo que ya no es posible encontrarlas, instalarlas ni reinstalarlas desde el canal oficial. Esto incluye complementos tan populares como uBlock Origin, uno de los bloqueadores de contenidos más utilizados en todo el mundo.

La eliminación tiene un matiz importante: las extensiones MV2 que sigan instaladas en versiones antiguas, como Chrome 138 o anteriores, continúan funcionando, pero quedan “congeladas”. No volverán a recibir actualizaciones, y si el usuario desinstala el complemento, cambia de perfil o reinstala el navegador, no podrá recuperarlo desde la tienda porque su ficha ya no existe.

En la práctica, el impacto para quien use Chrome actualizado a versiones recientes es claro: todo el catálogo público se ha depurado para dejar únicamente extensiones Manifest V3. La propia Google había indicado que la mayoría de complementos activos ya se habían migrado, y algunas estimaciones internas situaban ese porcentaje en torno al 90 % largo antes de que llegase la fecha límite.

Esta retirada definitiva marca el cierre de un periodo de convivencia en el que MV2 y MV3 han coexistido durante años, con plazos que se han ido ampliando a petición de la comunidad de desarrolladores, especialmente aquellos que mantenían bloqueadores de contenido y herramientas de seguridad.

De Manifest V2 a Manifest V3: qué cambia realmente

Manifest V2 definía cómo se comportaba una extensión dentro de Chrome: qué permisos pedía, qué datos podía leer y qué scripts ejecutaba. Su gran ventaja para los desarrolladores era la flexibilidad: permitía mantener páginas de fondo persistentes, cargar código de forma remota y analizar en tiempo real el tráfico que pasaba por el navegador.

Con Manifest V3, Google ha rediseñado varios pilares de esa arquitectura. Por un lado, las antiguas páginas de fondo persistentes desaparecen y se sustituyen por service workers, procesos efímeros que se apagan a los pocos segundos de inactividad. Esto obliga a reescribir buena parte de la lógica que antes dependía de tener un contexto siempre activo dentro del navegador.

Por otro lado, se prohíbe el uso de código alojado remotamente. Bajo MV2 una extensión podía descargar y ejecutar lógica nueva desde un servidor externo después de haber pasado la revisión de la tienda. Con MV3, todo el código ejecutable tiene que ir empaquetado en la extensión que Google revisa y aprueba, lo que reduce una clase de abusos, pero complica la puesta al día de proyectos que dependían de actualizaciones de filtros o reglas dinámicas cargadas desde fuera.

La tercera pata del cambio afecta a la red: la API webRequest en modo bloqueante, clave para el filtrado avanzado, se sustituye por declarativeNetRequest. En vez de que la extensión inspeccione y decida en tiempo real qué petición de red bloquear o modificar, ahora debe registrar un conjunto de reglas que el propio motor del navegador aplica sin exponer el tráfico al complemento. Esto mejora el rendimiento y limita la exposición de datos, pero también recorta la capacidad de reacción frente a estrategias de publicidad y rastreo cada vez más sofisticadas.

Google defiende que estas modificaciones refuerzan la seguridad, la privacidad y la estabilidad de Chrome, y que mantener la plataforma antigua era insostenible por la deuda técnica y los fallos específicos de MV2. Sin embargo, para una parte de la comunidad el resultado es un ecosistema de extensiones con menos margen de maniobra, especialmente en el terreno del bloqueo de anuncios.

uBlock Origin y el golpe a los bloqueadores de anuncios

Entre todas las extensiones afectadas, la retirada de uBlock Origin es la más dolorosa para muchos usuarios. Este bloqueador, creado por Raymond Hill, se convirtió en la referencia por su altísima eficacia, su bajo consumo de recursos y un filtrado en tiempo real prácticamente sin límites, algo que se apoyaba de lleno en las capacidades de Manifest V2 y la API webRequest.

uBlock Origin aprovechaba la posibilidad de inspeccionar cada petición de red en el momento en que se producía para decidir, con lógica bastante compleja, si la bloqueaba, la redirigía o la dejaba pasar. Ese enfoque permitía aplicar filtros muy detallados, adaptarse rápidamente a cambios en las técnicas de rastreo y ofrecer controles avanzados por sitio, como el bloqueo selectivo de scripts y frames.

Con Manifest V3, este modelo deja de ser viable dentro de Chrome. La nueva API declarativeNetRequest impone límites duros al número de reglas que una extensión puede aplicar: como mínimo 30.000 reglas estáticas y otras 30.000 dinámicas y de sesión combinadas, con un máximo de 1.000 reglas basadas en expresiones regulares. En comparación, una configuración típica de filtrado serio se mueve fácilmente en el entorno de las 200.000 reglas.

Listas muy usadas como EasyList, orientada al bloqueo de publicidad, rondan las 75.000 reglas por sí solas; EasyPrivacy, centrada en rastreadores, suma en torno a 45.000; y a eso se añaden listas regionales y específicas de distintos países, que pueden aportar otras decenas de miles de reglas adicionales. Encajar todo ese arsenal en el techo de Manifest V3 obliga a recortar: o se priorizan los filtros más comunes a costa de perder precisión regional, o se mantiene más detalle y se sacrifica parte de la cobertura general.

Para adaptarse a este escenario, el propio Raymond Hill ha desarrollado uBlock Origin Lite, una variante pensada desde cero para Manifest V3. Esta versión cumple las reglas de Chrome y se integra con declarativeNetRequest, pero no puede replicar todas las capacidades del uBlock Origin original. Pierde filtrado dinámico avanzado, el modo estricto de bloqueo, la matriz interactiva por sitio y parte de las opciones para escribir reglas personalizadas al vuelo.

Qué pasa con las extensiones instaladas y cómo afecta a los usuarios

Para quienes usaban Chrome a diario, la transición ha sido silenciosa pero constante. A lo largo de los últimos años, el navegador fue mostrando avisos de deprecación y desactivando progresivamente las extensiones MV2, primero en canales de prueba (Beta, Dev, Canary) y después en la versión estable. En julio de 2025, con Chrome 138, Manifest V2 quedó deshabilitado para todos los usuarios en todos los canales, sin opción de reactivarlo.

La fase que se cierra ahora es la puramente administrativa: las fichas de las extensiones MV2 han desaparecido de la Chrome Web Store. Si alguien todavía conservaba uBlock Origin o cualquier otro complemento basado en el formato antiguo en una versión de Chrome que no se ha actualizado más allá de la 138, seguirá viendo la extensión instalada, pero ya sin posibilidad de recibir nuevas versiones ni de reinstalarla desde la tienda si algo va mal.

En la práctica, esto significa que cada vez más usuarios verán un aumento de anuncios y rastreadores al navegar. Las versiones Lite o adaptadas a Manifest V3 mitigan parte del problema, pero distintos análisis técnicos coinciden en que los bloqueadores basados en la nueva API dejan pasar un porcentaje apreciable de publicidad y rastreo que antes se filtraba sin dificultad.

El impacto se deja notar sobre todo en perfiles que dependían de un filtrado agresivo: personas preocupadas por la privacidad, usuarios que trabajaban con conexiones móviles limitadas o quienes simplemente preferían una web más limpia, sin banners, vídeos automáticos ni scripts extra. Para ellos, la experiencia con un bloqueador MV3 se percibe como un retroceso frente a lo que ofrecía MV2.

También hay implicaciones para los editores y medios europeos: muchos sistemas de detección de bloqueadores, diseñados para el viejo modelo, no identifican bien los nuevos bloqueadores Manifest V3. El resultado es una pérdida de visibilidad real sobre cuánta publicidad se está bloqueando y un uso menos eficaz de las herramientas de recuperación de ingresos, como los avisos que piden desactivar el adblocker o recurrir a modelos de suscripción.

Cómo cambia el panorama para desarrolladores y startups

La retirada definitiva de Manifest V2 en la tienda de Chrome tiene un efecto directo sobre quienes desarrollan extensiones o productos que dependen del navegador: mantener un proyecto anclado a MV2 deja de ser una opción viable dentro del ecosistema oficial. Si una extensión no se ha migrado, pierde su canal principal de distribución y deja de estar al alcance de nuevos usuarios.

Migrar a Manifest V3 no es un simple cambio de versión en el archivo de manifiesto. Implica rehacer piezas clave de la arquitectura: adaptar toda la lógica que antes vivía en páginas de fondo persistentes a service workers que aparecen y desaparecen, sustituir webRequest bloqueante por declarativeNetRequest y empaquetar en el propio complemento código y listas que antes podían cargarse en remoto.

El esfuerzo de desarrollo se mide en meses para extensiones complejas, y no todas las funcionalidades son trasladables tal cual. En el caso de los bloqueadores de publicidad y de algunas herramientas de seguridad, la nueva API impone un techo a lo que se puede hacer. Ya no se trata solo de reescribir código, sino de aceptar que la plataforma limita de forma estructural el filtrado de contenido más agresivo.

Para startups europeas que hayan construido parte de su oferta en torno a extensiones de Chrome, el mensaje es claro: depender en exclusiva de la Chrome Web Store como canal de distribución es cada vez más arriesgado. El control que ejerce Google sobre las APIs y sobre las reglas de la tienda puede cambiar el alcance de un producto de un día para otro, como se ha visto con Manifest V2.

A la vez, se abre un espacio de oportunidad para soluciones que apuesten por otros navegadores o modelos: productos pensados para Firefox, Brave o para entornos gestionados en empresas europeas pueden convertirse en alternativas atractivas para equipos que priorizan privacidad, control y cumplimiento normativo frente a la comodidad de seguir en el ecosistema Chrome sin cuestionarlo.

Navegadores alternativos para mantener un bloqueo potente

Aunque Chrome mantiene una cuota de mercado muy amplia en Europa, la desaparición de Manifest V2 no afecta por igual a todos los navegadores. Firefox, por ejemplo, ha dejado claro que continuará admitiendo extensiones basadas en el modelo antiguo al tiempo que incorpora las partes de Manifest V3 que considera útiles, lo que permite seguir utilizando la versión completa de uBlock Origin con todas sus funciones.

En el caso de Brave, el enfoque es mixto. Por una parte, su motor de bloqueo Brave Shields está integrado directamente en el navegador, escrito en Rust y C++, y se alimenta de listas como EasyList y EasyPrivacy sin depender de las APIs de extensiones de Chrome. Esto le permite mantener un nivel de bloqueo muy alto aunque Google modifique las reglas del juego para las extensiones.

Por otra parte, el equipo de Brave ha optado por alojar por su cuenta varias extensiones Manifest V2 muy populares, entre ellas uBlock Origin, AdGuard, uMatrix y NoScript. Sus usuarios pueden habilitarlas desde la propia configuración del navegador, sin pasar por la Chrome Web Store. Es una forma de mantener vivas herramientas avanzadas dentro del ecosistema Chromium, aunque obliga al proyecto a ir ajustando su integración cada vez que el código base de Chromium cambia.

Otros navegadores, como Opera o distintos derivados de Firefox orientados a la privacidad, también aprovechan el hueco. Proyectos como LibreWolf, que parte de Firefox pero elimina telemetría y refuerza los ajustes de seguridad por defecto, incluyen uBlock Origin de serie y mantienen el soporte completo para las capacidades de filtrado dinámico.

Para usuarios en España y el resto de Europa que valoren una web más limpia y respetuosa con la privacidad, el escenario que se abre es algo más fragmentado: el navegador que se elija condiciona, cada vez más, el nivel de control que se tiene sobre la publicidad y el rastreo. Chrome sigue siendo una opción válida, pero ofrece menos margen para quienes buscan un bloqueo realmente exhaustivo.

Al cerrar la etapa de Manifest V2 y apostar en exclusiva por Manifest V3, Google consolida un modelo de extensiones más controlado, con mejoras razonables en seguridad y rendimiento, pero también con límites claros para los bloqueadores de anuncios y las herramientas de privacidad más exigentes. Mientras tanto, alternativas como Firefox y Brave se posicionan como refugio para quienes necesitan mantener la potencia de filtrado que ofrecían extensiones como uBlock Origin en su formato original, evidenciando que la experiencia de navegar por la web ya no depende solo de la conexión o del dispositivo, sino del navegador en el que se confía.


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