Migrar a un SSD nuevo sin reinstalar Windows

  • Clonar o migrar Windows a un SSD permite mantener sistema, programas y datos sin reinstalar, aprovechando toda la velocidad de la nueva unidad.
  • Es fundamental preparar el equipo: elegir bien el SSD, limpiar el sistema, hacer copia de seguridad y usar herramientas de clonación adecuadas.
  • Tras clonar, hay que configurar el SSD como disco de arranque y ajustar TRIM, desfragmentación y energía para asegurar rendimiento y vida útil.
  • El viejo disco puede reutilizarse como almacenamiento secundario, aunque si ya daba errores resulta mejor reservarlo solo para datos poco críticos.

Migrar a un SSD nuevo sin reinstalar Windows

Si tu ordenador tarda una eternidad en arrancar, los programas van a tirones y sigues con un disco duro mecánico, ha llegado el momento de dar el salto. Migrar Windows a un SSD sin reinstalar el sistema ni perder programas es totalmente posible: basta con clonar o migrar correctamente el disco y hacer unos ajustes finales.

A lo largo de esta guía vas a ver, con todo lujo de detalles, cómo pasar Windows de un HDD a un SSD, qué herramientas usar (gratuitas y de pago), cómo preparar el sistema antes de clonar, qué hacer después en Windows para exprimir el SSD y qué problemas te puedes encontrar por el camino. También verás la diferencia real entre clonar y migrar el sistema, y cuándo te compensa una instalación limpia.

¿Qué significa clonar un disco duro y en qué se diferencia de migrar Windows?

Cuando hablamos de clonación nos referimos a crear una copia idéntica, bit a bit, de todo un disco en otra unidad. No es simplemente arrastrar archivos: la herramienta duplica el sistema operativo, los programas, tus documentos, particiones ocultas de arranque o recuperación, controladores y hasta pequeños detalles como fondos de escritorio, marcadores del navegador o contraseñas guardadas.

Al finalizar el proceso, el SSD de destino es un espejo funcional del disco original: arrancas Windows exactamente como antes, pero con los tiempos de carga y arranque mucho más rápidos que ofrece un SSD moderno. Esto incluye las particiones especiales (EFI, recuperación, arranque) que muchas veces pasan desapercibidas al copiar archivos manualmente.

La migración de Windows, en cambio, se centra en mover solo el sistema operativo y sus particiones críticas al nuevo SSD, dejando fuera otras particiones de datos. Algunas herramientas (como gestores de particiones avanzados) incorporan una opción de “Migrar SO” que detecta y traslada únicamente lo necesario para que Windows arranque y funcione, sin arrastrar todo el contenido del viejo disco.

La clonación completa es más simple para el usuario medio porque lo copia absolutamente todo, pero también se lleva la “basura” acumulada: archivos inservibles, restos de programas antiguos o incluso errores del sistema. La migración del sistema es más ligera y eficiente, ideal si quieres aprovechar el cambio de unidad para limpiar Windows sin formatear desde cero, aunque exige planificar qué haces con tus programas y datos.

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Clonar vs instalación limpia: qué opción te interesa más

Antes de ponerte manos a la obra conviene valorar si te merece la pena clonar o si te compensa una instalación limpia de Windows en el SSD. La decisión depende del estado actual de tu sistema y del tiempo que quieras invertir.

Si tu Windows está razonablemente estable, sin malware ni errores raros, la clonación es la forma más rápida de migrar todo a un SSD sin perder nada: programas, juegos, configuraciones, perfiles, etc. Literalmente, cambias de disco y sigues trabajando donde lo dejaste, pero con un equipo mucho más ágil.

Cuando el sistema está muy tocado, lento hasta la desesperación, plagado de software basura o tropezando con fallos constantes, una clonación lo que hará será copiar también ese desastre al nuevo SSD. En estos casos es más sensato instalar Windows desde cero en la nueva unidad y, después, restaurar tus archivos personales desde una copia de seguridad y reinstalar solo lo que realmente necesitas.

Una estrategia intermedia muy práctica consiste en clonar primero al SSD para no quedarte tirado sin equipo, y cuando tengas tiempo hacer una instalación limpia aprovechando que ya tienes la unidad rápida instalada. Así puedes trabajar con normalidad mientras planificas con calma el “borrón y cuenta nueva”.

Requisitos previos para migrar a un SSD sin reinstalar

Para que la migración salga bien, necesitas preparar tanto el hardware como el propio Windows. Saltarse esta fase suele ser la causa principal de errores de clonación o de que el SSD se quede pequeño antes de empezar.

Elegir correctamente el SSD y el tipo de conexión

Lo primero es tener un SSD nuevo con capacidad suficiente para todo lo que vas a copiar. Lo recomendable no es que iguale el tamaño del disco antiguo, sino que sea igual o superior al espacio realmente usado. Por ejemplo, si tu HDD es de 1 TB pero solo tienes 180 GB ocupados, un SSD de 250 GB te vale; si usas 350 GB, necesitas al menos 500 GB. Dejar un margen del 20 % libre es buena idea para no ir ahogado.

En cuanto al tipo de unidad, puedes optar por SSD SATA de 2,5 pulgadas (los más compatibles y baratos) o SSD NVMe M.2, que ofrecen velocidades muy superiores pero dependen de que tu placa base tenga ranuras M.2 compatibles. Si quieres aprovechar tecnologías como DirectStorage en juegos modernos o exprimir Windows 11, un NVMe rápido tiene mucho sentido.

Si vas a migrar en un portátil que solo admite una unidad interna, lo habitual es conectar el SSD nuevo por USB con una carcasa externa o un adaptador USB-SATA/M.2, clonar desde Windows y, cuando termine, abrir el portátil para intercambiar físicamente los discos.

Migrar a un SSD nuevo sin reinstalar Windows

Hardware adicional que vas a necesitar

Además del SSD, normalmente te hará falta algo de “ferretería” informática básica para que la migración vaya rodada y no tengas que andar desmontando medio PC cada dos minutos.

  • Cable SATA y alimentación libre si es un sobremesa y vas a montar un SSD de 2,5″ dentro.
  • Adaptador USB-SATA o carcasa externa para conectar un SSD de 2,5″ a un portátil.
  • Adaptador o carcasa USB para M.2 si vas a clonar un NVMe desde un portátil.
  • Destornillador adecuado para abrir la torre o el portátil y fijar el SSD al chasis.

Comprobar espacio utilizado y limpiar Windows a fondo

Antes de comprar nada, entra en “Este equipo” y revisa el espacio usado en la unidad C:. Recuerda que el SSD debe ser mayor que lo ocupado (no que el tamaño total teórico del disco original). Aprovecha esa revisión para aligerar el sistema: cuanto menos ocupe Windows, más rápida y sencilla será la clonación.

Es muy recomendable hacer una buena limpieza del sistema: desinstala programas que no utilices desde el Panel de control, elimina juegos que ya no toques, vacía la Papelera, borra archivos temporales y ejecuta el Liberador de espacio en disco (cleanmgr) para quitar restos de actualizaciones y cachés.

Si tu HDD de origen es mecánico, puedes desfragmentarlo antes de clonar para ordenar los datos y minimizar problemas. Windows ya incorpora su propia herramienta de desfragmentación, pero existen utilidades de terceros como Defraggler, IObit Smart Defrag, Auslogics Disk Defrag, PerfectDisk o Disk Speedup que ofrecen funciones avanzadas. Eso sí, recuerda que los SSD no se deben desfragmentar, solo los antiguos HDD.

Hacer copia de seguridad de tus archivos importantes

Aunque el riesgo de pérdida de datos clonando no es muy alto, siempre existe la posibilidad de un corte de luz, un fallo del disco o un error del programa. Para curarte en salud, respalda documentos, fotos, trabajos y archivos críticos en un disco externo o en la nube antes de empezar.

Puedes usar la propia herramienta de copia de seguridad de Windows, algún software de backup de terceros o sencillamente copiar a mano las carpetas clave a otra unidad. Si además tu disco original ya muestra sectores defectuosos o síntomas de muerte lenta (ruidos raros, bloqueos frecuentes), este paso deja de ser opcional para convertirse en obligatorio.

El mejor software para clonar discos a SSD en la práctica

En el mercado hay un buen puñado de herramientas que permiten clonar discos completos o migrar solo Windows al SSD. Algunas son gratuitas y muy potentes, otras de pago con funciones extra y soporte técnico, y algunas vienen especialmente optimizadas por el propio fabricante del SSD.

Soluciones gratuitas más recomendables

Entre las herramientas sin coste que mejor funcionan actualmente para usuarios domésticos destacan varias opciones muy consolidadas. Cada una tiene su estilo y su nivel de dificultad, pero todas permiten pasar Windows de un HDD a un SSD sin reinstalar.

Una de las opciones más populares es Macrium Reflect en su edición gratuita, que ofrece una interfaz clara (también en español), permite crear imágenes y clonar discos completos y suele ser muy estable. A nivel de uso, basta con seleccionar el disco origen, el disco destino, marcar la optimización para SSD y dejar que el programa haga el trabajo; eso sí, actualmente su versión totalmente gratis está más limitada en el tiempo y hay que ceñirse a los periodos de prueba en las versiones nuevas.

Para quien controla más y no le asusta una interfaz en modo texto, Clonezilla es una alternativa de código abierto extremadamente potente. Funciona arrancando desde un USB o CD y clonando fuera de Windows, lo que minimiza interferencias. A cambio, resulta mucho menos intuitiva: hay que elegir cuidadosamente disco origen y de destino, y tener presente que en muchos escenarios solo clona de discos iguales o más pequeños a otros de tamaño igual o superior a nivel de capacidad total.

Si prefieres algo similar a Clonezilla pero con interfaz gráfica amigable, Rescuezilla es una especie de “Clonezilla con ventanas”. Es gratuita, arranca también desde un USB, está traducida al español y sirve tanto para clonar discos como para crear y restaurar imágenes. Redo Rescue juega en la misma liga: entorno Linux arrancable, sistema de copias de seguridad y clonación muy completo y soporte para redes y particiones variadas.

Otra familia de herramientas muy utilizada son los programas de copia de seguridad con función de clonado integrada. AOMEI Backupper, por ejemplo, incluye en su edición gratuita clonación de disco y copias de seguridad, aunque para trabajar con discos GPT avanzados hay que pasar a ediciones de pago. EaseUS Todo Backup ofrece algo similar: copias, clonación de disco o partición, y opciones como “Optimizar para SSD” o “clonado sector a sector”.

Herramientas comerciales y software de los fabricantes

Si no te importa pagar por un programa más completo, hay soluciones de pago con una muy buena reputación en entornos profesionales. Acronis True Image (ahora integrado en Acronis Cyber Protect Home Office) es uno de los clásicos: permite crear imágenes, clonar discos, hacer copias diferenciales, y lleva años siendo una referencia. Su función de “Active Cloning” puede, además, iniciar la clonación desde Windows y reiniciar automáticamente si necesita trabajar fuera del sistema.

Otro ejemplo es O&O DiskImage, orientado sobre todo a copias de seguridad de sistemas completos, pero que incluye modo de clonación 1:1 de discos. Tras clonar, es posible que tengas que ajustar particiones para aprovechar todo el espacio del nuevo SSD, especialmente si éste es de mayor capacidad.

Algunos fabricantes de SSD ofrecen su propio software de migración gratuito, optimizado para sus unidades. Samsung Data Migration es probablemente el más conocido: solo funciona si el disco de destino es un SSD Samsung, pero suele ser extremadamente simple de usar y rápido, ideal si te has decantado por esa marca. Otros fabricantes (Crucial, Kingston, etc.) proporcionan a menudo licencias de software de terceros (como Acronis en versiones especiales) junto con sus unidades.

Gestores de particiones con función “Migrar SO”

Además de los cloners puros, hay gestores de particiones avanzados que incluyen una opción específica para migrar únicamente el sistema operativo. Un ejemplo muy utilizado es el software de particiones de AOMEI, que ofrece dos funciones clave: “Clonar disco”, para copiar la unidad completa, y “Migrar SO”, pensada para mover solo la partición de Windows y las de arranque al SSD.

La ventaja de estas herramientas es que permiten, durante el asistente, redimensionar la partición del sistema para que encaje en un SSD más pequeño (siempre que los datos quepan) y ajustar automáticamente los parámetros necesarios para que el equipo arranque desde la unidad clonada. Suelen incluir, además, funciones extra como ampliar particiones, fusionar espacio no asignado, convertir discos entre MBR y GPT sin borrar datos o crear medios de arranque para arreglar un Windows que no inicia.

Cómo clonar o migrar Windows paso a paso de forma segura

Cada programa tiene su propio asistente, pero el flujo general de trabajo para clonar un HDD a un SSD sin reinstalar suele seguir siempre la misma estructura con pequeñas variaciones según la herramienta elegida.

En primer lugar, conéctalo todo: instala el SSD dentro del PC o conéctalo por USB, asegurándote de que Windows lo detecta correctamente en el Administrador de discos. No te preocupes si aparece sin formatear o el sistema propone darle formato al detectarlo: cancela esa ventana, porque será el programa de clonación el que se encargue de preparar la unidad de destino.

Migrar a un SSD nuevo sin reinstalar Windows
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Después, abre la herramienta escogida y elige la opción adecuada: puede llamarse “Clonar disco”, “Clone disk”, “Migrar SO”, “Copiar disco” o similar. El primer paso del asistente suele ser seleccionar el disco de origen (tu HDD o SSD actual donde está Windows) y, a continuación, el disco de destino (el nuevo SSD). Es fundamental revisar con calma qué unidad es cuál: al clonar, todos los datos del disco de destino se perderán.

En la mayoría de programas podrás escoger entre una clonación rápida (solo copia los sectores usados) y una clonación “sector por sector” que duplica todo, incluidos los espacios vacíos. Para pasar a un SSD de capacidad diferente suele interesar la opción rápida, que ajusta las particiones a la nueva unidad. También encontrarás casillas como “Optimizar para SSD” o “SSD Alignment”, que conviene marcar para que las particiones queden alineadas y el rendimiento sea óptimo.

Antes de dar al botón final, muchas herramientas permiten modificar el tamaño de las particiones de destino. Esto resulta útil, por ejemplo, si clonas un disco más pequeño en uno de mayor capacidad y no quieres que quede espacio sin asignar al final. Algunas traen un modo “Editar particiones” para redistribuir el espacio en el SSD directamente durante el asistente.

Cuando confirmes la operación, el programa puede actuar de dos formas: algunas herramientas trabajan desde el propio Windows y, cuando necesitan bloquear el disco del sistema, reinician el equipo y ejecutan el clonado antes de que arranque el sistema operativo. Otras, como Clonezilla o Rescuezilla, se usan arrancando desde un USB o CD, por lo que todo el proceso se realiza fuera de Windows.

La duración del clonado depende del volumen de datos y de la velocidad de los discos y del puerto (USB 2.0, 3.0, SATA, NVMe). Como referencia, 100 GB pueden tardar alrededor de media hora, 250 GB cerca de una hora y 1 TB dos o tres horas en condiciones normales. Mientras el proceso esté en marcha, lo sensato es no usar el PC y, desde luego, no apagarlo ni desconectar ninguna unidad.

Cambiar el orden de arranque y comprobar que todo funciona

Una vez terminada la clonación, el siguiente paso es asegurarse de que el ordenador arranca desde el nuevo SSD. En un sobremesa con varias unidades conectadas, lo ideal es dejar enchufados tanto el viejo disco como el SSD y entrar en la BIOS/UEFI para cambiar el orden de arranque.

Para acceder a la BIOS nada más encender el PC tendrás que pulsar una tecla concreta: F2, Supr, F12 o Esc suelen ser las más comunes según la placa base o el fabricante del portátil. Dentro, busca el apartado de “Boot”, “Boot Order” o similar y coloca el nuevo SSD como primera opción de arranque. Guarda los cambios, reinicia y verifica que Windows arranca desde el SSD (lo notarás por la velocidad).

En el caso de un portátil con una sola bahía interna, normalmente habrás clonado el disco original al SSD conectado por USB. Tras terminar el clonado, toca abrir el portátil, extraer el HDD y montar el SSD en su lugar. Al encender, el equipo debería arrancar directamente desde la nueva unidad, ya que es la única presente. Si todo va bien, verás tu escritorio de siempre, solo que respondiendo mucho más rápido.

Cuando compruebes que Windows inicia correctamente, revisa que están todas tus particiones y datos en el nuevo SSD: las unidades C:, las particiones de recuperación si las tenías, tus carpetas de usuario, programas y configuraciones. Si además sigues teniendo conectado el disco duro antiguo, puedes usar el Administrador de discos para formatearlo y reutilizarlo como unidad de almacenamiento secundario.

Problemas frecuentes al clonar y cómo solucionarlos

Por muy fino que se haga todo, hay una serie de contratiempos típicos que pueden aparecer durante el proceso de migración. Saber qué los causa y cómo se arreglan te ahorrará muchos quebraderos de cabeza si tu nuevo SSD no arranca a la primera o no muestra el espacio esperado.

Uno de los fallos más habituales es que el programa de clonación avise de que “el disco de destino es demasiado pequeño”. Esto suele ocurrir cuando el HDD original es de, por ejemplo, 1 TB y el SSD es de 500 GB, incluso si solo usas 200 GB reales. Algunas herramientas no aceptan clonar de un disco “teóricamente mayor” a un “teóricamente menor”, aunque sobren gigas. En estos casos, la solución pasa por liberar más espacio en el disco original, reducir el tamaño de la partición del sistema o recurrir a un software que sí permita esa operación.

Otro clásico: Windows no arranca después de clonar. Aquí hay varios escenarios posibles. El más común es que el SSD no esté configurado como disco de arranque principal en la BIOS, por lo que el equipo sigue intentando iniciar desde el disco antiguo o desde otra unidad. Otra causa es que la clonación se interrumpiera o se hiciera solo a nivel de archivos, sin copiar bien la partición de arranque.

Si el problema tiene que ver con el modo de la BIOS (Legacy/UEFI) o con discos MBR y GPT, puede que Windows no encuentre la tabla de particiones correcta. En ese caso, conviene revisar en la BIOS si el modo de arranque coincide con el del disco original y, si hace falta, utilizar un medio de instalación de Windows para reparar el arranque con herramientas como “Reparar inicio” o comandos del estilo bootrec /fixmbr y bootrec /fixboot.

En ocasiones, la clonación se detiene a mitad porque el disco de origen tiene sectores defectuosos o errores lógicos. Antes de volver a intentarlo es recomendable ejecutar CHKDSK sobre la unidad original (por ejemplo, chkdsk C: /f /r desde un símbolo del sistema con privilegios de administrador), asegurarte de que los cables están bien conectados y probar con otro puerto USB o SATA si estás usando adaptadores.

También es relativamente frecuente que, después de clonar a un SSD de mayor capacidad, Windows solo muestre el mismo tamaño de partición que el disco antiguo, dejando espacio “desaparecido”. Ese espacio no se ha perdido: simplemente está sin asignar. Puedes ampliarlo desde la herramienta “Administración de discos” (Win + X → Administración de discos) extendiendo la partición principal para ocupar todo el espacio libre.

Por último, puede que el rendimiento del SSD no sea el esperado. Si las velocidades de lectura/escritura son sospechosamente bajas, revisa que el SSD esté conectado a un puerto SATA III o a una ranura M.2 adecuada, que tengas activado TRIM, que el firmware del SSD esté actualizado y que no se esté desfragmentando automáticamente como si fuera un HDD. En equipos muy antiguos, la propia placa base puede hacer de cuello de botella.

Ajustes esenciales en Windows después de migrar al SSD

Una vez tengas todo funcionando en el nuevo SSD, conviene ajustar varios parámetros en Windows para alargar la vida de la unidad y mantener el rendimiento. Son cambios rápidos, pero marcan la diferencia a largo plazo.

Lo primero es asegurarte de que TRIM está activado. Esta función permite que Windows le indique al SSD qué bloques de datos ya no se usan, de modo que la unidad puede gestionarlos internamente y evitar que el rendimiento se degrade con el tiempo. Para comprobarlo, abre el Símbolo del sistema como administrador y ejecuta fsutil behavior query DisableDeleteNotify. Si el resultado es 0, TRIM está activo; si sale 1, actívalo con el comando fsutil behavior set DisableDeleteNotify 0.

El siguiente ajuste clave es desactivar la desfragmentación programada para el SSD. Aunque la herramienta de Windows ahora “optimiza” los SSD de forma distinta, sigue siendo recomendable que las tareas de desfragmentación clásica no se apliquen sobre estas unidades. Entra en “Optimizar unidades” desde el Panel de control, selecciona el SSD, revisa la configuración y desmarca cualquier programación de desfragmentación tradicional.

En algunos equipos clonados desde sistemas pensados para HDD siguen activos servicios como Superfetch y Prefetch, que fueron diseñados para mejorar la velocidad de los discos mecánicos cargando datos por adelantado. En un SSD pueden provocar lecturas innecesarias y desgaste adicional. Si quieres afinarlos al máximo, puedes desactivarlos desde el registro de Windows o desde la gestión de servicios, siempre con cuidado y sabiendo qué tocas.

También es buena idea revisar el plan de energía: en un sobremesa orientado a rendimiento, elige un perfil “Equilibrado” o “Alto rendimiento” y verifica que la opción de “apagar disco duro” esté ajustada correctamente. En un portátil quizá te compense más buscar un equilibrio entre autonomía y rapidez, pero que el sistema no esté apagando o hibernando el SSD constantemente por defecto.

Por último, entra en la web de tu fabricante de SSD (Samsung, Crucial, Kingston, WD, etc.) y descarga su software oficial para comprobar actualizaciones de firmware, monitorizar el estado de salud de la unidad y, si lo deseas, ejecutar pruebas de rendimiento con herramientas como CrystalDiskMark para verificar que las velocidades coinciden con las especificaciones del modelo.

Qué hacer con el disco duro antiguo tras la migración

Cuando estás seguro de que el sistema funciona perfectamente en el SSD y no echas nada en falta, toca decidir el destino de la vieja unidad. En la mayoría de casos, lo más práctico es reutilizar el HDD como disco de datos secundario.

Si es un sobremesa, mantén conectado el disco antiguo, arranca desde el SSD, entra en “Administración de discos”, elimina sus particiones y dale un formato nuevo para usarlo como almacenamiento. Puedes dedicarlo a copias de seguridad, descargas, películas, fotos, máquinas virtuales o archivos grandes que no necesitas cargar a toda velocidad.

En un portátil con solo una bahía, la alternativa pasa por colocar el HDD en una carcasa externa USB y reconvertirlo en un disco externo para backups o para transporte de archivos. Antes de regalárselo a alguien o venderlo, asegúrate de borrar sus datos de forma segura, usando herramientas de borrado avanzado que sobrescriben el contenido para que no se pueda recuperar fácilmente.

Si el HDD viejo ya daba síntomas de estar tocado, ten en cuenta que seguir usándolo puede ser arriesgado, aunque solo sea como almacén de datos. Puedes intentar repararlo realizando un formateo a bajo nivel o probando utilidades de diagnóstico, pero si ha fallado una vez lo más probable es que no sea de fiar a largo plazo para guardar nada importante.

Clonar, migrar o imagen de disco: en qué se diferencian exactamente

En este tipo de procesos es muy fácil mezclar términos, así que conviene matizar qué es cada cosa. Clonar un disco, como hemos visto, implica copiar sector a sector o de forma equivalente toda la estructura de la unidad, incluidos el registro de arranque, la tabla de particiones y las particiones ocultas. El resultado es un nuevo disco desde el que puedes arrancar sin tener que hacer nada más.

Crear una imagen de disco consiste en empaquetar el contenido de una o varias particiones en un archivo comprimido que almacena todos los datos. Esa imagen luego se puede restaurar sobre otra unidad, pero por sí sola no es un disco arrancable: sigue siendo un archivo. Es una solución fantástica para copias de seguridad completas de sistemas, pero no tan directa como clonarlo si lo que quieres es cambiar de disco duro sin tocar nada.

La migración del sistema operativo, por último, es un término más difuso que suele referirse al proceso de mover únicamente Windows y lo imprescindible para arrancar a otra unidad, ya sea clonando solo determinadas particiones o combinando restauración de imágenes con ajustes en el bootloader. Muchas herramientas lo empaquetan en asistentes tipo “Migrar SO a SSD” para que el usuario no tenga que distinguir entre clonado parcial y otros procedimientos.

Las tres técnicas son válidas, pero si tu prioridad es reducir al mínimo el tiempo sin ordenador, clonar por completo suele ser la opción más directa. Si te preocupa arrastrar problemas del pasado, la jugada ideal es combinar instalación limpia en el SSD con una buena imagen o copia de tus datos personales.

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Cuando terminas de migrar a un SSD y ves que el ordenador arranca en segundos, los programas se abren al instante y el ruido del viejo disco mecánico desaparece, queda claro por qué este cambio es de los que más se notan en el día a día; entender bien las diferencias entre clonar, migrar o reinstalar, elegir el software adecuado y hacer unos pocos ajustes finales marca la frontera entre un simple cambio de unidad y una actualización redonda que alarga varios años la vida útil de tu PC. Comparte la información y ayuda a otros a conocer del tema.


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