Optimizar Windows 11 para redes lentas: sincronización y ahorro de datos

  • Actualizar Windows 11 y los controladores de red es básico para ganar estabilidad y rendimiento en conexiones lentas.
  • Ajustar las opciones avanzadas y la energía de la tarjeta WiFi permite mejorar cobertura, roaming y velocidad real.
  • Limitar apps en segundo plano, telemetría y efectos visuales libera recursos y ancho de banda para lo importante.
  • Medir con tests de velocidad y ping antes y después de los cambios confirma si la optimización realmente funciona.

Optimizar Windows 11 para redes lentas

Cuando la conexión va a pedales y los vídeos se paran cada dos por tres, no siempre es culpa del operador: muchas veces es tu propio PC el que no está preparado para trabajar en condiciones de red complicadas. Windows 11 incluye un montón de opciones que, bien ajustadas, pueden marcar la diferencia en redes lentas, especialmente si combinas cambios en el sistema con una buena configuración de la tarjeta WiFi.

A lo largo de esta guía vas a encontrar ajustes muy concretos, tanto en la tarjeta de red como en el propio Windows, para rascar todo el rendimiento posible cuando navegas con WiFi débil, fibra saturada o conexiones 4G/5G irregulares. No hay soluciones milagrosas, pero si pones en práctica estos trucos notarás la red más estable, menos cortes en videollamadas y descargas algo más consistentes incluso cuando la línea no acompaña.

Actualiza Windows 11 y los controladores de red

Antes de tocar ajustes raros, lo primero es tener el sistema al día. Microsoft corrige continuamente problemas de rendimiento y de red en Windows 11, y los fabricantes de tarjetas WiFi y Ethernet lanzan drivers con mejoras importantes. Si quieres seguir recomendaciones expertas, consulta ajustes que los profesionales aconsejan para Windows 11.

Para empezar, entra en la configuración de Windows 11 y accede a Inicio > Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update. Desde ahí puedes buscar actualizaciones de Windows y aplicar todos los parches disponibles, algo clave si tu PC lleva meses sin actualizarse.

Cuando el sistema te indique que “Estás actualizado”, no te quedes ahí: entra en las actualizaciones opcionales. En esta sección suelen aparecer nuevos controladores de red y otros drivers no críticos que, sin ser obligatorios, pueden mejorar claramente la estabilidad y la velocidad de la conexión.

Además de usar Windows Update, conviene acudir siempre a la web oficial del fabricante de tu tarjeta de red (Intel, Realtek, Broadcom, etc.). Los drivers que distribuye Windows suelen ir por detrás, mientras que en la página del fabricante encontrarás versiones más recientes, con fallos corregidos, mejoras de rendimiento e incluso soporte para nuevas funciones inalámbricas. Si no sabes cuál es tu tarjeta, consulta cómo saber qué tarjeta de red tengo.

En el caso de tarjetas modernas como la Intel WiFi 6E AX210, por ejemplo, las últimas versiones del controlador añaden compatibilidad ampliada con redes Wi-Fi 6/6E, mejor gestión del roaming y nuevas opciones avanzadas que no verás con drivers antiguos. Merece la pena dedicar unos minutos a descargarlos e instalarlos manualmente.

Configurar a fondo la tarjeta WiFi en Windows 11

Una vez tienes los controladores actualizados, llega el momento de meterse en las entrañas de la tarjeta de red. Windows 11 permite ajustar muchos parámetros avanzados del adaptador WiFi que influyen directamente en el comportamiento de la conexión, algo especialmente útil cuando la red es lenta o inestable.

Para acceder a estos ajustes, abre el panel de control clásico o la configuración de red y entra en la sección donde aparecen todos los adaptadores de red: Ethernet, WiFi, módems 4G y adaptadores virtuales de máquinas virtuales o VPN. Localiza el adaptador WiFi que usas para conectarte a Internet, haz clic derecho sobre él y selecciona “Propiedades”.

En la ventana de propiedades del adaptador, además de parámetros básicos como IPv4, IPv6 y protocolos instalados, verás un botón llamado “Configurar” justo debajo del nombre de la tarjeta. Ahí es donde empieza lo interesante: se abre un menú con pestañas como Controlador, Opciones avanzadas, Eventos y Administración de energía, donde podrás afinar el comportamiento inalámbrico al detalle.

En la pestaña Controlador puedes comprobar la versión exacta del driver y la fecha de instalación. Lo ideal es que la fecha sea reciente y la versión coincida con la última publicada en la web del fabricante. Si ves que es muy antigua, ni te lo pienses: descarga la más nueva, porque suele traer correcciones de errores, parches de seguridad y mejoras de rendimiento WiFi.

Muchos usuarios se quedan solo con esta parte, pero el verdadero potencial está en la pestaña de Opciones avanzadas. Ahí verás un listado largo de parámetros que quizá dan miedo al principio, pero que bien configurados pueden ayudarte a sacar más partido a redes lentas, optimizar el roaming entre puntos de acceso y reducir cortes.

Opciones avanzadas clave de la tarjeta WiFi

Optimizar Windows 11

Dentro de las propiedades avanzadas de una tarjeta como la Intel WiFi 6E AX210 aparecen decenas de ajustes. No hace falta tocarlos todos, pero sí conviene entender los más importantes para que Windows 11 se comporte como tú quieres en una red floja o saturada.

Uno de los parámetros más útiles es la “Agresividad de itinerancia”. Este ajuste indica con qué facilidad el dispositivo decide cambiar de punto de acceso cuando tienes varios nodos WiFi (por ejemplo, en una red Mesh). Si lo dejas en valor medio, el equipo puede tardar demasiado en pasar de un nodo a otro, manteniéndose conectado a un router lejano y perdiendo calidad de señal. En casas con varios puntos de acceso suele ir mejor subirlo a “Alto” o incluso “Máximo”, para que el roaming sea más rápido.

Otro grupo de parámetros esenciales son los relacionados con el ancho de canal. En 2,4 GHz encontrarás una opción tipo “Ancho de canal para 2.4 GHz”, que te permite forzar 20 MHz fijos o dejarlo en automático. Lo más sensato es usar “Automático” siempre que el entorno no esté saturado, porque así la tarjeta puede aprovechar canales de 40 MHz cuando haya poco ruido y ganar algo de velocidad.

Para la banda de 5 GHz, el ajuste suele llamarse “Ancho de canal para 5 GHz”. Aquí sí que no tiene mucho sentido limitarlo a 20 MHz salvo casos muy especiales: lo recomendable es dejarlo también en “Automático” para poder utilizar 80 MHz o incluso 160 MHz si el router lo soporta, con lo que multiplicas el caudal disponible cuando la red no va sobrada.

En el caso de la banda de 6 GHz (Wi-Fi 6E), el parámetro “Ancho de canal para 6 GHz” debería seguir la misma lógica. Todos los routers Wi-Fi 6E trabajan con canales de hasta 160 MHz, así que dejarlo en automático te permite sacar el máximo rendimiento posible, algo a tener muy en cuenta si convives con redes lentas en 2,4 GHz pero tienes 6 GHz relativamente despejada.

También encontrarás la opción de “Banda preferida”. Esta configuración cobra importancia si tu router usa band steering para mover los dispositivos entre bandas. Si tienes un equipo compatible con 6 GHz y pocas interferencias, te puede interesar priorizar 6 GHz para ir más fluido. Si no usas Wi-Fi 6E, suele ser buena idea escoger 5 GHz como banda favorita para tener más velocidad que en 2,4 GHz, siempre que la cobertura sea razonable.

En tarjetas modernas verás además un ajuste para la “Banda ultraalta (6 GHz)”. Esta opción debería estar siempre activada si tu adaptador y tu router soportan Wi-Fi 6E. Con los últimos drivers de Intel suele venir habilitada por defecto, pero conviene verificarlo para asegurarte de que puedes conectarte sin problemas a redes de 6 GHz.

Hay más parámetros avanzados que, aunque suenen raros, influyen en la estabilidad, el consumo y el rendimiento:

  • Coincidencia de patrones de reactivación: se utiliza para funciones de reactivación remota. En general puede dejarse activado sin problemas, aunque en redes muy inestables suele tener poco impacto en la velocidad pura.
  • Descarga ARP para WoWLAN: permite que la tarjeta responda a tráfico ARP (IPv4) sin “despertar” todo el equipo. Reduce consumo en portátiles cuando se usa Wake on WLAN.
  • Descarga NS para WoWLAN: equivalente para IPv6, respondiendo a Neighbor Solicitation de forma eficiente.
  • Fusión de paquetes: agrupa paquetes broadcast y multicast para disminuir interrupciones de recepción. Buena opción para mejorar autonomía en portátiles, con impacto mínimo en redes lentas.
  • Impulsar la capacidad de proceso: cuando está activo, la tarjeta puede aprovechar al máximo el ancho de banda disponible, aunque eso pueda restar algo de caudal a otros dispositivos conectados al mismo WiFi.
  • Magic Packet de reactivación: permite que la tarjeta encienda el equipo al recibir un paquete especial. Es útil para Wake on LAN, pero no influye en el rendimiento de una red lenta más allá de permitir reactivaciones remotas.

Otro concepto importante es el “Modo de ahorro de energía MIMO” (SMPS). Esta función gestiona cuántas antenas mantiene activas el cliente para ahorrar energía. Si eliges “Sin SMPS”, desactivas el ahorro y mantienes todas las antenas activas, consiguiendo el máximo rendimiento y la mejor cobertura. Las opciones Automático, Dinámico o Estático están pensadas para reducir consumo, apagando antenas cuando no hacen falta, pero en redes lentas o inestables suele ser mejor priorizar rendimiento y dejar el ahorro de energía para otros casos.

Más abajo verás ajustes como “Modo inalámbrico 802.11a/b/g” para 2,4 GHz y “Modo inalámbrico 802.11n/ac/ax” para 5 GHz. Lo ideal es mantener la compatibilidad con los estándares más modernos (por ejemplo, 802.11ax) porque garantizan soporte hacia atrás pero ofrecen mejoras claras de eficiencia y velocidad cuando el router también los soporta.

Si ves un parámetro tipo “No compatible con canal de 40 MHz” en 2,4 GHz, lo recomendable es dejarlo desactivado salvo que haya conflictos claros con redes vecinas. Desactivarlo permite que el adaptador use 40 MHz cuando sea posible, ayudando a mejorar un poco la velocidad real en redes que de por sí no van muy sobradas.

La “Potencia de transmisión” de la tarjeta conviene ponerla siempre en el valor máximo, especialmente si sueles conectarte desde habitaciones alejadas del router o con muchas paredes de por medio. Esto no incrementa la velocidad contratada, pero puede mejorar la calidad de la señal y evitar pérdidas de paquetes en redes ya de por sí pobres.

Por último, parámetros como “Protección de modo mixto” o “Soporte de U-APSD (WMM-Power Save)” ayudan a que el adaptador se comporte correctamente cuando hay clientes antiguos compartiendo red o en escenarios de tráfico de voz y vídeo. WMM-PS, por ejemplo, reduce el consumo en dispositivos con poco tráfico pero sensibles a la latencia, algo útil si usas mucho VoIP o videollamadas en un portátil con batería.

Administración de energía de la tarjeta de red

Además de los parámetros avanzados, en las propiedades del adaptador WiFi tienes una pestaña de “Administración de energía” que, si no la ajustas, puede jugarte malas pasadas en redes frágiles. Windows 11 permite apagar o poner en reposo la tarjeta para ahorrar batería, y eso a veces se traduce en microcortes, picos de latencia y reconexiones constantes.

En esta pestaña verás opciones como “Permitir que el equipo apague este dispositivo para ahorrar energía”. Cuando tu objetivo es priorizar la estabilidad de la conexión en redes lentas, lo razonable es desmarcar esta casilla, de forma que el sistema no pueda dejar sin alimentación a la tarjeta de red en momentos críticos. Si quieres ajustar planes y comportamiento del procesador, herramientas como ParkControl para optimizar el rendimiento de tu CPU pueden ayudar.

También suele aparecer la opción “Permitir que este dispositivo reactive el equipo”, junto con el uso de Magic Packet para Wake on LAN. En un portátil que se usa en casa y trabajo, muchas veces es más prudente desactivar estas funciones para evitar que el equipo se encienda solo o consuma energía de más manteniendo la tarjeta en escucha constante.

No te quedes solo con la pestaña del adaptador: entra también en las Opciones de energía de Windows 11. Desde el Panel de control > Hardware y sonido > Opciones de energía puedes elegir entre planes como economizador, equilibrado o alto rendimiento. En cada uno de ellos conviene revisar la configuración avanzada y comprobar que la tarjeta de red inalámbrica está configurada para trabajar siempre al 100%, sin que Windows intente recortar potencia para arañar algo de autonomía.

Si usas WiFi en un portátil para trabajar con documentos en la nube o en videollamadas, merece mucho la pena seleccionar Máximo rendimiento en los ajustes de energía de la red inalámbrica, aunque eso suponga que la batería dure algo menos. En un entorno de red lenta, cada pequeño optimizador ayuda.

Trucos adicionales cuando la red va muy lenta

Más allá de toquetear la tarjeta y los planes de energía, hay una serie de buenas prácticas que pueden ayudarte a sobrevivir cuando tu conexión a Internet va corta de velocidad o sufre cortes recurrentes. Muchas son simples pero efectivas.

El clásico de toda la vida: reinicia el router. No se trata solo de apagarlo y encenderlo al momento, sino de apagarlo, dejarlo 20-30 segundos desconectado y volver a encenderlo. Ese pequeño respiro permite que el equipo libere memoria, cierre sesiones atascadas y renegocie la conexión con la central. Si notas que el router está muy caliente, conviene también revisar su ubicación o hablar con el operador por si fuera necesario un cambio de equipo.

No te olvides del propio ordenador: un reinicio de Windows 11 limpia procesos colgados, servicios atascados y conexiones abiertas que pueden estar consumiendo recursos. Apagar y encender el PC sigue solucionando más cosas de las que pensamos, y la red es una de ellas, sobre todo si llevas días con el equipo en suspensión sin un apagado completo. Un reinicio además es una de las cosas que deberías hacer tras instalar Windows 11.

Si utilizas una VPN, ten en cuenta que este sistema introduce una capa extra entre tu dispositivo y el servidor al que te conectas. Las VPN gratuitas o saturadas pueden reducir notablemente la velocidad, y en redes ya lentas esto es la puntilla. Prueba a desactivar la VPN temporalmente y comprueba si la conexión mejora; si es así, quizá debas cambiar de proveedor, de servidor o reservar la VPN solo para tareas puntuales.

Otro punto a revisar es la tarjeta de red física. Hay equipos antiguos cuya interfaz Ethernet no es Gigabit o cuya tarjeta WiFi solo soporta estándares obsoletos. En esos casos, aunque contrates 600 Mbps o 1 Gbps, nunca llegarás a verlos en ese dispositivo concreto. Si otro PC de la casa sí alcanza buenas velocidades con la misma conexión, puede ser el momento de plantearse una tarjeta de red nueva o un adaptador USB más moderno.

Por último, no dudes en llamar a tu operador si tras hacer un test de velocidad con cable y WiFi ves que la velocidad real está muy por debajo de la que tienes contratada. Muchos problemas se resuelven con una revisión de la línea, un cambio de router o un ajuste remoto, y cuanto antes abras incidencia, antes se moverán.

Medir si realmente has mejorado la conexión

Después de cambiar media docena de ajustes es muy fácil caer en la trampa de la sugestión y pensar que la red va mejor solo porque has “toqueteado cosas”. La única forma de asegurarte de que los cambios han tenido efecto es medir antes y después, con pruebas mínimamente objetivas.

Lo ideal es hacer tests de velocidad online antes de modificar nada, probando en diferentes condiciones: conectado a la banda de 2,4 GHz, a la de 5 GHz y, si tienes, a la de 6 GHz. Anota o captura los resultados de descarga, subida y latencia. Tras cada bloque de cambios en la tarjeta o en Windows 11, repite las pruebas en las mismas condiciones y compara cifras.

La velocidad no lo es todo: una red puede tener megas de sobra y ser un desastre en estabilidad. Para evaluar este aspecto puedes usar herramientas como PingPlotter o, más sencillo aún, el comando ping en la terminal de Windows. Lanza un ping continuo a una web fiable (por ejemplo, los DNS de tu proveedor) y observa la latencia media, los picos y si hay paquetes perdidos.

Realizar estas pruebas en distintos momentos del día ayuda a distinguir si tu problema es de saturación de la red de tu barrio (horas punta) o está más relacionado con tu configuración local. Si después de ajustar tarjetas, drivers y planes de energía sigues viendo cortes frecuentes o latencias disparadas, es posible que el cuello de botella esté fuera de tu control.

Si en tu caso has tocado parámetros relacionados con el ahorro energético —como el Modo de ahorro de energía MIMO o las opciones de Administración de energía— también puedes comprobar el impacto en la batería usando el Administrador de tareas y el monitor de consumo de Windows 11. En un portátil viejo, sacrificar algo de autonomía a cambio de una red más estable suele ser un buen trato si trabajas constantemente conectado.

Ajustes de Windows 11 para aliviar redes lentas

Además de los cambios estrictamente de red, Windows 11 trae de serie muchas funciones que consumen recursos de CPU, disco y conexión sin que te des cuenta. Desactivar lo que no necesitas ayuda a que, cuando tu conexión sea lenta, el poco ancho de banda disponible se use en lo realmente importante. Si prefieres herramientas de terceros para dejar el sistema más ligero, consulta el mejor programa para optimizar PC gratis.

Un primer paso básico es desinstalar programas que no usas. Cada aplicación extra puede traer servicios residentes, actualizadores en segundo plano y procesos que, directa o indirectamente, consumen datos. Entra en Configuración > Aplicaciones > Aplicaciones instaladas y elimina sin miedo todo lo que no te aporte nada. Cuantos menos programas innecesarios tengas, menos procesos habrá haciendo comprobaciones online, sincronizando y enviando telemetría. También puedes usar Wise Memory Optimizer para optimizar la memoria RAM.

Si echas de menos alguna aplicación en esa lista, abre el viejo Panel de control > Desinstalar un programa, donde aparece un listado más tradicional. Cuantos menos programas innecesarios tengas, menos procesos habrá haciendo comprobaciones online, sincronizando y enviando telemetría, algo crucial cuando la red va justa.

Otro punto que marca mucho el día a día son las aplicaciones que se inician con Windows. Desde el Administrador de tareas (Ctrl + Alt + Supr > Administrador de tareas), en la pestaña de “Aplicaciones en arranque”, puedes ver qué programas se lanzan automáticamente al encender el equipo, su impacto en el inicio y si están habilitados o no.

Deshabilita sin remordimientos todas las apps con alto impacto en el inicio que no necesites tener siempre abiertas: lanzadores de juegos, programas de mensajería que no uses continuamente, utilidades del fabricante, etc. Esto no solo acelera el arranque de Windows 11, también reduce la cantidad de procesos que más tarde estarán pidiendo datos a Internet en segundo plano.

Precisamente, controlar las apps en segundo plano es clave en redes lentas. Desde Configuración > Aplicaciones, entra en la lista completa, haz clic derecho en la app que quieras y abre sus Opciones avanzadas. Ahí verás el ajuste de “Permisos de aplicaciones en segundo plano”, que puedes poner en “Nunca” para evitar que una app concreta consuma recursos cuando no la estás usando.

Eso sí, no conviene hacerlo con aplicaciones que deben estar siempre atentas, como clientes de correo o mensajería que realmente necesites. La idea es restringir el fondo a apps pesadas o poco importantes, de forma que en redes lentas tu ancho de banda se dedique casi por completo a lo que estás haciendo en ese momento.

En la misma línea, puedes plantearte cambiar aplicaciones muy pesadas por alternativas más ligeras. Navegadores como Chrome son conocidos por su voracidad de recursos y multitud de procesos en segundo plano; en un PC modesto y con una conexión pobre, quizá te vaya mejor con Firefox u otro navegador optimizado. Lo mismo puede decirse de suites ofimáticas, reproductores y otros programas con versiones más ligeras o de código abierto.

Optimizar efectos visuales, energía y telemetría

Optimizar Windows 11 para conexiones lentas

Cuando la red va lenta, no es solo el ancho de banda lo que cuenta: si tu PC se arrastra, todo lo que dependa de Internet se notará mucho más torpe. Por eso, reducir carga gráfica y tareas innecesarias en Windows 11 ayuda también a que la experiencia online sea menos frustrante.

Un ajuste muy rápido es limpiar el escritorio. Puede sonar trivial, pero Windows debe gestionar todos los iconos y elementos que tengas en él, y en equipos justos esto suma. Deja solo lo imprescindible, reagrupa accesos en una carpeta o usa el menú Inicio para lanzar programas escribiendo su nombre.

Otra herramienta útil está en Sistema > Almacenamiento, donde encontrarás la opción “Recomendaciones de limpieza”. Desde ahí, Windows te propone borrar archivos temporales, contenido de la papelera y datos que ya no aportan nada. Un disco muy lleno suele traducirse en tiempos de carga más largos y en un sistema más lento, lo que al final también afecta a todo lo que hagas online.

Las notificaciones son otro frente a atacar. Si dejas que cualquier app del sistema y del navegador muestre avisos, tu PC acabará pareciendo un árbol de Navidad. Cada notificación implica procesos despiertos, datos que se descargan y distracciones constantes. Desde Configuración > Sistema > Notificaciones puedes limitar qué aplicaciones pueden molestarte y desactivar los sonidos, lo que reduce bastante el ruido.

Si eres de los que juegan online, no olvides activar el Modo juego de Windows 11, accesible desde Configuración > Juegos > Modo de juego. Al activarlo, el sistema prioriza los recursos para el juego, reduce tareas en segundo plano y limita ciertas actividades de Windows Update, ayudando a mantener más estable tanto los FPS como la conexión durante las partidas. También puedes consultar guías para reducir el input lag en Windows 11.

Desde esa misma área o desde Sistema > Pantalla > Gráficos, puedes ajustar la preferencia de gráficos por aplicación. Si marcas un juego o programa exigente como “Alto rendimiento”, Windows 11 usará todo el potencial de la GPU para esa aplicación, lo que indirectamente puede ayudar a que todo vaya más fluido si la CPU no se satura.

En cuanto a energía, los portátiles traen por defecto un plan equilibrado que intenta compensar rendimiento y batería. Si trabajas habitualmente con el cargador puesto, puedes ir al Panel de control > Opciones de energía y elegir el plan de “Máximo rendimiento”. Notarás que el sistema responde con más rapidez, y eso hace que la navegación web y el uso de aplicaciones online sean menos desesperantes.

Dentro de Configuración > Accesibilidad > Efectos visuales tienes la opción de desactivar animaciones y otros efectos. También, desde Sistema > Información > Configuración avanzada del sistema > Rendimiento, puedes marcar “Ajustar para obtener el mejor rendimiento”. Visualmente perderás florituras, pero ganarás agilidad en ventanas, menús y programas, algo muy de agradecer cuando la red es lenta y cada segundo de reacción cuenta.

Otro bloque de ajustes que conviene revisar está en Configuración > Privacidad y seguridad. Apartados como General, Voz, Personalización de entrada manuscrita y escritura, Diagnóstico y comentarios contienen muchas opciones que envían datos a Microsoft. Desactivar todo lo que no necesites reduce la telemetría y el tráfico saliente, liberando un pequeño margen de ancho de banda que, en redes lentas, se nota más de lo que parece. Si te preocupa la privacidad, lee qué datos recopilan los asistentes de IA.

Si quieres ir un paso más allá y te manejas con software de terceros, existen utilidades como Optimizer, un programa de código abierto disponible en GitHub que concentra en una sola interfaz ajustes de red, desactivación de servicios innecesarios, bloqueo de telemetría, desactivación de Cortana, ajustes de Windows Update y muchas otras optimizaciones. Es potente, así que conviene usarlo con cabeza, pero bien configurado puede dejar tu Windows 11 mucho más ligero.

Por último, pequeños detalles como evitar fondos de pantalla animados o carruseles y limitar elementos de la barra de tareas (widgets, buscador flotante, chat integrado) ayudan a reducir un poco la carga gráfica y de procesos. No te darán más megas, pero sí un sistema menos saturado, que al final se traduce en una experiencia de navegación algo más fluida.

Ajustes de DNS y ratón para mejorar la experiencia online

Aunque pueda no parecerlo, algunos ajustes aparentemente secundarios también influyen en cómo percibes el rendimiento de la red. Un DNS rápido y una respuesta precisa del ratón hacen que navegar y trabajar online se sienta más ágil, incluso si la velocidad de conexión es la misma.

Por defecto, Windows 11 utiliza los servidores DNS de tu proveedor de Internet. Cambiarlos por servicios públicos como Google Public DNS (8.8.8.8 y 8.8.4.4) o Cloudflare (1.1.1.1) puede acortar el tiempo que tarda el navegador en resolver direcciones web y, en algunos casos, mejorar la privacidad.

Para hacerlo, ve a Configuración > Red e Internet, selecciona la conexión (WiFi o Ethernet), entra en las propiedades de la red y busca el apartado de Asignación del servidor DNS. Cambia el modo a manual, introduce las direcciones que quieras usar y guarda los cambios. En redes lentas no verás milagros, pero sí puede reducir un poco los tiempos de espera al cargar webs.

Otra opción curiosa pero efectiva es desactivar la “precisión mejorada del puntero”, también conocida como aceleración del ratón. Este ajuste hace que el cursor se mueva más rápido según la velocidad con la que mueves el ratón, algo que puede resultar impreciso en tareas de edición o juegos online.

Para cambiarlo entra en Configuración > Bluetooth y dispositivos > Mouse > Configuración adicional del mouse. En la pestaña de Opciones de puntero desmarca la casilla “Mejorar precisión del puntero” y ajusta después la velocidad hasta encontrar un punto cómodo. No acelera la red, pero hace que todo se sienta más controlado y preciso cuando navegas, trabajas en la nube o juegas online.

Con todos estos ajustes —desde drivers y parámetros avanzados de la WiFi hasta limpieza de programas, optimización de energía y pequeños retoques como DNS y ratón— puedes conseguir que Windows 11 se comporte de manera mucho más estable y eficiente en redes lentas, exigiendo menos a la conexión y sacando más partido de cada megabit disponible, sin necesidad de cambiar de operador a la primera de cambio.

Mini router en teclado de PC
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