Pasos para configurar un servidor NAS casero con OpenMediaVault

  • OpenMediaVault permite convertir un PC o miniPC en un NAS casero estable y flexible usando una interfaz web sencilla.
  • La clave está en separar sistema y datos, configurar bien discos, RAID y permisos antes de llenarlo de información.
  • Con SMB/NFS en local y SFTP o VPN hacia fuera, el NAS se convierte en una nube privada segura para copias y multimedia.
  • El mantenimiento periódico, las alertas y las copias externas hacen que el NAS sea fiable a largo plazo y fácil de recuperar.

cómo configurar un servidor NAS en casa

Montar un servidor NAS casero con OpenMediaVault (OMV) es una de las formas más baratas y flexibles de tener tu propia “nube” en casa, con total control sobre tus datos. Con un PC viejo, unos cuantos discos y algo de paciencia puedes conseguir un sistema muy serio para copias de seguridad, multimedia, trabajo y acceso remoto, sin depender de servicios externos.

En esta guía vamos a ver todos los pasos para configurar un servidor NAS casero con OpenMediaVault, desde los requisitos de hardware y la instalación, hasta la creación de volúmenes, RAID, carpetas compartidas, servicios (SMB, NFS, SFTP, Plex, etc.), acceso remoto y mantenimiento. La idea es que, aunque empieces desde cero, termines con un NAS estable, ampliable y seguro que puedas usar a diario sin complicarte la vida.

¿Qué es un NAS y por qué usar OpenMediaVault?

Un NAS (Network Attached Storage) es básicamente un dispositivo de almacenamiento conectado a tu red local, al que se accede por cable o WiFi desde cualquier ordenador, móvil o TV de casa. Puede ser una caja específica con bahías para discos o un PC “de los de toda la vida” reconvertido en servidor.

En la práctica, un NAS sirve como punto central para guardar copias de seguridad, fotos, vídeos, documentos y bibliotecas multimedia, y permite compartir todo eso entre varios usuarios y equipos sin tener que ir conectando y desconectando discos USB.

OpenMediaVault es un sistema operativo para NAS basado en Debian Linux, gratuito y de código abierto, pensado justo para esto: coger un PC o miniPC y convertirlo en un NAS completo con interfaz web. Viene con soporte para servicios como SMB/CIFS, FTP, NFS, SFTP, Rsync, plugins para multimedia, copias de seguridad, Docker y mucho más.

Al estar construido sobre Debian, OMV destaca por su estabilidad, seguridad y soporte a largo plazo. Además, tiene requisitos de hardware muy modestos y funciona bien incluso en máquinas antiguas, placas ARM (tipo Orange Pi o Raspberry Pi, con matices) o pequeños equipos de bajo consumo.

Requisitos de hardware y consideraciones previas

Para montar tu NAS casero con OMV no hace falta gastarse un dineral, pero conviene respetar unos requisitos mínimos de hardware para que el sistema vaya fluido y sea fiable.

En un PC estándar, lo ideal es usar un procesador x86-64 (Intel o AMD de 64 bits) y al menos 4 GB de RAM para un NAS sencillo; si vas a usar RAID por software, contenedores Docker o muchos servicios a la vez, mejor subir a 8 GB. OMV está muy optimizado y no necesita grandes recursos, pero la memoria extra da margen para crecer.

Respecto al almacenamiento, es muy recomendable separar el disco del sistema del almacenamiento de datos. Lo típico es instalar OMV en un SSD pequeño, HDD o incluso una unidad flash de al menos 16 GB, y dedicar otros discos (HDD o SSD) exclusivamente al volumen del NAS. Así evitas mezclar sistema y datos y facilitas recuperaciones.

Para el espacio de datos puedes usar uno o varios discos duros SATA de gran capacidad. Si quieres redundancia y tolerancia a fallos, conviene preparar una matriz RAID (RAID 1, 5 o 6, según número de discos y necesidades). Es muy buena idea utilizar discos de la misma capacidad y, si puedes, del mismo modelo (por ejemplo, gamas para NAS tipo WD Red o Seagate IronWolf).

Si vas a manejar volúmenes grandes (por encima de 2,2 TB), debes asegurarte de que tu placa base esté en modo UEFI, ya que el modo BIOS clásico tiene esa limitación a la hora de ver tamaños de disco. En UEFI puedes trabajar con volúmenes enormes sin problemas.

En cuanto a la caja y la fuente, basta con una caja con suficiente ventilación y bahías para los discos y una fuente de 250-300 W de calidad decente. El NAS suele estar 24/7 encendido, así que es importante que tenga buena refrigeración para discos y CPU, y que la fuente sea estable.

Descarga de la imagen e instalación básica de OpenMediaVault

crear servidor NAS casero

El primer paso real es descargar la imagen ISO de OpenMediaVault desde su página oficial o desde SourceForge. Escoge la versión estable correspondiente a tu arquitectura (normalmente amd64 para PC).

Con la ISO descargada, hay que crear un medio de instalación arrancable. Lo más cómodo hoy en día es usar una memoria USB y herramientas como Rufus (en Windows) o dd/Balena Etcher (en Linux). Seleccionas la ISO, eliges la unidad USB, y dejas que el programa la haga arrancable.

Antes de iniciar la instalación, entra en la BIOS/UEFI de tu equipo (normalmente pulsando Supr, F2, F12 u otra tecla indicada al encender) y ajusta el orden de arranque para que la máquina empiece desde la memoria USB (o el DVD, si optas por esa vía). En muchos equipos también puedes pulsar una tecla de “Boot Menu” al principio sin tocar la BIOS.

Arrancando desde el USB, verás la pantalla del instalador de OMV en modo texto. El proceso es muy similar al de instalar Debian o cualquier otra distro Linux: eliges idioma, ubicación geográfica (para zona horaria) y distribución de teclado, y el sistema empieza a cargar los componentes necesarios desde el medio de instalación.

Cuando te lo pida, tendrás que asignar un nombre al equipo (hostname), que será cómo se verá tu NAS en la red local (por ejemplo “nas-casa” u “openmediavault”). También te pedirá un dominio; si sólo lo vas a usar en casa, puedes usar algo genérico como “local” y el sistema quedará, por ejemplo, “nas-casa.local”.

En este punto también se configura la contraseña del usuario root, que sirve para iniciar sesión local con máximo privilegio. Esta clave no es la misma que la de la interfaz web de OMV, pero es igual de importante; apúntala y guárdala bien, porque la necesitarás si en algún momento tienes que entrar a la consola para tareas avanzadas.

Después se configura la zona horaria (importante para la hora de los logs y de los metadatos de los archivos) y el instalador pasa a la fase de particionado y copia de archivos del sistema. Si el equipo detecta varios discos, te avisará; en ese momento selecciona con cuidado el disco donde quieres instalar OMV (el del sistema, no los discos de datos). Acepta la creación automática de particiones y deja que el asistente haga su trabajo.

Tras copiar el sistema, el instalador preguntará por el servidor de paquetes (mirror de Debian) más adecuado. Suele bastar con elegir el servidor estándar o uno cercano a tu país. Si no usas proxy, deja ese campo en blanco y que la instalación continúe.

La instalación termina configurando el gestor de arranque GRUB en el disco principal. Acepta instalarlo en el disco donde acabas de meter el sistema, extrae el USB cuando te lo indique y reinicia la máquina. En el siguiente arranque verás la pantalla de GRUB y, después, un login en consola donde se mostrará también la dirección IP local que ha obtenido el NAS (muy importante para el siguiente paso).

Escenario especial: instalar OMV en un único disco

La recomendación oficial es no mezclar disco del sistema y disco de datos, pero hay situaciones (por presupuesto o limitaciones físicas) en las que sólo tienes una unidad y necesitas usar parte de ella para datos del NAS.

En ese caso, la jugada consiste en reducir la partición de sistema tras la instalación. El procedimiento típico es arrancar el NAS desde un LiveDisk de Linux que incluya GParted (por ejemplo, GParted Live). Una vez cargado, localizas el disco donde se instaló OMV (normalmente /dev/sda) y verás que la partición principal (sda1) ocupa casi todo el espacio.

Con GParted, haces clic derecho sobre esa partición y seleccionas “Redimensionar/Mover”. Reduces sda1 hasta dejar unos 16-20 GB para el sistema (o algo más por comodidad) y aplicas los cambios. El resto del disco quedará como espacio no asignado.

En ese hueco creas una nueva partición con sistema de archivos Ext4 (o el que prefieras compatible con OMV) y aplicas de nuevo. Al volver a arrancar en OMV y entrar a la interfaz web, irás a “Almacenamiento → Sistemas de archivos” y montarás esa nueva partición, que se convertirá en el volumen de datos de tu NAS.

Primer acceso a la interfaz web y ajustes básicos

Con el sistema ya instalado y arrancando desde disco, llega el momento de gestionar OpenMediaVault desde otro equipo vía navegador web. Desde un PC de la misma red, abre un navegador y escribe la IP local que viste en la consola del NAS (por ejemplo, http://192.168.1.64) o, si la resolución de nombres está bien, la dirección http://openmediavault/ u el hostname que definiste.

Se mostrará el panel de login de la interfaz web. Por defecto, las credenciales son: usuario “admin” y contraseña “openmediavault”. Es casi obligatorio que, en cuanto entres, vayas a los ajustes generales del sistema y cambies esta contraseña por otra más segura, porque OMV viene precisamente con esos valores de fábrica.

También es un buen momento para ajustar el idioma de la interfaz y la zona horaria desde la sección de configuración. OMV soporta múltiples idiomas, incluido español de España, y se pueden instalar actualizaciones del sistema desde “Sistema → Gestión de actualizaciones” simplemente pulsando en “Actualizar” y luego en “Aplicar cambios”.

Configuración de discos, RAID y sistemas de archivos

Una vez tienes el panel en marcha, toca decirle a OMV dónde va a guardar tus datos. En el menú “Almacenamiento → Discos” verás todas las unidades físicas conectadas al NAS. Es buena práctica comprobar que aparecen todos los discos esperados y, si son de segunda mano, limpiarlos o inicializarlos.

Si quieres usar RAID por software, dirígete a “Almacenamiento → RAID de software”. Desde ahí podrás crear arrays en distintos niveles: Stripe (RAID 0, para maximizar velocidad a costa de no tener tolerancia a fallos), Mirror (RAID 1, refleja los datos entre dos discos), Linear (concatena capacidades sin redundancia) o RAID 5/6 (combinan rendimiento y redundancia a partir de tres discos, con códigos de paridad).

Eliges un nivel (por ejemplo, RAID 5), seleccionas las unidades físicas que formarán parte del conjunto y creas el array. Una vez completado, tendrás un “dispositivo lógico” sobre el que podrás crear un sistema de archivos.

En “Almacenamiento → Sistemas de archivos” es donde se formatean y montan los volúmenes. Puedes optar por sistemas como Ext4 (rápido y muy estable), XFS, JFS, F2FS o Btrfs. Btrfs ofrece funcionalidades avanzadas (snapshots, compresión, etc.), aunque su formateo inicial puede llevar bastante tiempo en volúmenes grandes. Seleccionas “Crear”, indicas el dispositivo (un disco directo o el RAID recién configurado), el tipo de sistema de archivos y esperas a que finalice.

Cuando el sistema de archivos esté creado, lo seleccionas en la lista y pulsas en “Montar”, guardas y aplicas los cambios. A partir de ese momento, OMV tendrá un volumen de almacenamiento disponible para crear carpetas compartidas y asignar permisos.

Es muy recomendable activar el monitor SMART para cada unidad desde “Almacenamiento → SMART”. Con esto OMV podrá vigilar temperaturas, sectores reasignados y otros indicadores de salud de los discos, y avisarte si algo empieza a ir mal.

Creación de carpetas compartidas y usuarios

El siguiente paso lógico es definir las carpetas compartidas que van a usar los distintos equipos y personas. En “Almacenamiento → Carpetas compartidas” puedes crear una nueva carpeta, darle un nombre (por ejemplo, “Backups”, “Fotos”, “Media”) y asignarla al sistema de archivos que has montado antes (el volumen RAID, la partición Ext4, etc.).

Estas carpetas compartidas serán la base para los distintos servicios (SMB/CIFS, NFS, FTP, SFTP…). Una vez creadas, conviene definir desde el principio qué usuarios van a acceder y con qué permisos, así que toca pasar por el apartado de “Permisos de acceso → Usuarios”.

En la sección de usuarios, puedes ir añadiendo cuentas para cada persona o dispositivo que vaya a usar el NAS. Para cada usuario, indicas nombre, contraseña y, si procede, pertenencia a grupos específicos. OMV permite crear grupos (por ejemplo, “familia”, “trabajo”, “sftp-acces”) desde “Usuarios → Grupos” para gestionar permisos de forma más organizada.

Desde “Almacenamiento → Carpetas compartidas” puedes abrir el diálogo de privilegios para asignar a cada carpeta los derechos de lectura/escritura o solo lectura para usuarios y grupos concretos. También desde esa sección se controlan los permisos POSIX de bajo nivel (ACL), de forma que solo quien deba ver o modificar los datos tenga acceso.

Es buena idea configurar estos permisos antes de llenar el NAS con terabytes de datos. Si algo sale mal y hace falta reformatear o rehacer un volumen, es mejor hacerlo cuando todavía no has copiado todo tu archivo personal.

Compartir archivos en red con SMB, NFS y FTP

Con el almacenamiento organizado y los usuarios definidos, ya puedes empezar a publicar carpetas del NAS en tu red local usando distintos protocolos, según los dispositivos.

Para entornos Windows, la opción más habitual es SMB/CIFS (Samba). En OMV, ve a “Servicios → SMB/CIFS → Configuración”, marca “Habilitado”, ajusta el dominio/grupo de trabajo si lo deseas y guarda. Luego pasa a la pestaña de “Recursos compartidos”, añade un nuevo recurso, elige la carpeta compartida que creaste antes y decide si heredas permisos, si lo anuncias en la red, etc.. Aplica los cambios y ese recurso aparecerá en el Explorador de archivos de Windows bajo la sección “Red” o se podrá mapear como unidad de red.

En sistemas Linux, es muy frecuente usar NFS para acceso a carpetas compartidas. OMV ofrece un módulo específico en “Servicios → NFS”. Al habilitarlo, puedes exportar carpetas y definir qué hosts o subredes tienen acceso, con qué permisos y qué opciones de montaje.

El protocolo FTP también está disponible como servicio. Aunque es sencillo de configurar y muy extendido, no es un método seguro por sí solo, ya que los datos viajan sin cifrar. Para accesos desde Internet es preferible optar por SFTP o montar una VPN.

Acceso remoto seguro con SFTP y configuración de router

Si quieres poder llegar a tu NAS desde fuera de casa, por ejemplo para consultar fotos, documentos o subir copias de seguridad en movilidad, una opción razonablemente sencilla y segura es habilitar el acceso SFTP.

OMV utiliza SSH como base, y mediante un plugin específico (“openmediavault-sftp”) permite restringir y gestionar el acceso SFTP a carpetas concretas. Lo normal hoy en día es instalar primero el repositorio OMV-Extras para poder añadir estos plugins fácilmente.

Para instalar OMV-Extras, puedes conectarte al servidor OMV con teclado y pantalla y entrar como root (usuario “root” y la contraseña que definiste al instalar). Una vez en la consola, ejecutas un comando similar a:

wget -O – https://github.com/OpenMediaVault-Plugin-Developers/packages/raw/master/install | bash

Tras completarse el script, vuelves a la interfaz web, refrescas y deberías ver una nueva entrada “OMV-Extras” dentro de “Sistema”. Desde ahí activas el repositorio principal y ya puedes ir a la sección “Plugins” para buscar e instalar el paquete de SFTP.

Una vez instalado el plugin SFTP, aparecerá la opción “SFTP” en el menú “Servicios”. Antes de activarla, conviene crear un usuario específico para el acceso remoto y asignarlo a un grupo apropiado (por ejemplo, “sftp-acces”). En la ficha de grupos, marcas ese grupo y le concedes privilegios de lectura/escritura sobre las carpetas compartidas que quieras que vea ese usuario.

Después, en la configuración del plugin SFTP, habilitas el servicio, defines un puerto no estándar (por ejemplo, 222 en lugar del 22), activas la autenticación por contraseña y limitas el acceso al grupo que acabas de usar. En la pestaña de “Access List” añades una entrada para vincular el usuario con la carpeta que podrá explorar.

En algunos casos, para que el chroot del SFTP funcione correctamente, tendrás que ajustar los permisos del directorio raíz con un comando como:

chmod 755 /

Hecho esto, tendrás un servidor SFTP funcional accesible dentro de tu red. Para abrirlo al exterior, te falta configurar el router.

En el panel del router (normalmente en http://192.168.1.1), busca el apartado de redireccionamiento de puertos, NAT/PAT o “port mapping”. Crea una regla que diga algo así: “cualquier conexión que llegue desde Internet al puerto externo X (por ejemplo, 35000/TCP) se redirige a la IP interna de tu NAS (por ejemplo, 192.168.1.20) en el puerto 222”, que es el que usa el servicio SFTP en OMV.

Para saber la IP interna que tiene asignada el NAS, suele haber un listado de dispositivos conectados en la sección DHCP del router, donde también puedes reservar una IP fija para ese equipo y evitar que cambie.

Desde fuera de tu red, utilizando un cliente como FileZilla, podrías conectar poniendo como servidor tu IP pública (que puedes averiguar en páginas tipo “whatismyipaddress.com” o simplemente buscando “public ip” en Google), el puerto externo que has abierto en el router y las credenciales del usuario SFTP que creaste. Así tendrás acceso cifrado a los datos del NAS desde cualquier lugar con Internet.

A nivel de seguridad, siempre es mejor combinar este tipo de accesos con VPN y contraseñas robustas, e incluso limitar el rango de IPs desde las que aceptar conexiones si tu router lo permite.

Instalar servicios adicionales: multimedia, música, backups y más

como tener un servidor NAS en casa

Una vez que tienes el NAS funcionando como almacenamiento central, llega la parte divertida: añadir servicios para sacarle mucho más partido. OMV, especialmente con OMV-Extras, permite instalar y gestionar una buena colección de plugins y contenedores.

Si te interesa montar un servidor de música, una opción moderna y ligera es Navidrome. Aunque su instalación suele hacerse vía Docker o siguiendo instrucciones específicas, la idea es usar una carpeta del NAS como biblioteca musical, indexarla y acceder luego desde apps compatibles con Subsonic (Substreamer, Symfonium y otras) tanto en local como en remoto.

Para la sincronización automática de fotos y vídeos desde el móvil al NAS, aplicaciones como PhotoSync (de pago, pero barata) permiten configurar tareas que suban el contenido de la galería a una carpeta compartida del servidor cada vez que te conectas a la WiFi de casa. Esto convierte el NAS en un auténtico repositorio de recuerdos, siempre disponible y bajo tu control.

En el terreno de vídeo, puedes transformar tu NAS en un servidor multimedia con Plex, Emby o Jellyfin. Normalmente se instalan como servicios adicionales o mediante Docker, y apuntan a una o varias carpetas del NAS con tus películas y series. Desde ahí, tus smart TV, móviles y tablets podrán reproducir contenido en streaming, incluso con transcodificación si el hardware lo soporta.

Para copias de seguridad avanzadas, OMV ofrece integración con Rsync, clientes de backup, e incluso plugins como usbbackup. Este último permite definir tareas para sincronizar automáticamente el contenido de determinadas carpetas del NAS hacia discos USB externos cuando se conectan. Eso sí, generalmente esos discos se formatean en sistemas de archivos Linux (Ext3/Ext4), lo que puede dar un poco de guerra si quieres rotar unidades y leerlas en Windows sin herramientas adicionales.

En entornos profesionales o semi-profesionales, OMV se lleva muy bien con software de backup como Veeam, exponiendo almacenamiento vía NFS o CIFS como repositorio para las copias. La configuración típica pasa por crear un sistema de archivos dedicado, montarlo, habilitar NFS y después apuntar desde Veeam a esa ruta exportada.

Por último, gracias al soporte de Docker en OMV (a través de OMV-Extras), puedes desplegar fácilmente aplicaciones como Nextcloud, Bitwarden, Duplicati o servidores web ligeros, ampliando muchísimo las funciones del NAS sin necesidad de instalar sistemas alternativos.

Mantenimiento, supervisión y recuperación de datos

Un NAS casero suele estar encendido las 24 horas, así que merece la pena dedicar unos minutos a configurar bien el mantenimiento y la supervisión para evitar sustos.

En “Información del sistema” y en la sección de diagnóstico, OMV ofrece gráficos y registros sobre uso de CPU, RAM, redes y discos. Es recomendable echarles un vistazo de vez en cuando para detectar cuellos de botella, temperaturas anómalas o errores repetidos en los logs.

Tener el sistema actualizado también es clave. Desde “Sistema → Gestión de actualizaciones” puedes aplicar parches de seguridad y mejoras periódicamente. Un ritmo sensato suele ser revisar al menos una vez al mes, o con mayor frecuencia si expones servicios al exterior.

OMV permite configurar alertas por correo electrónico para avisarte de fallos de disco (vía SMART), problemas en arrays RAID, falta de espacio o servicios que caen. En paralelo, se pueden programar tareas cron desde la interfaz para ejecutar comprobaciones de disco, limpiezas de logs o scripts de backup en horarios concretos.

Respecto a la recuperación de datos, aunque un RAID bien montado ofrece cierta tolerancia a fallos de disco, nunca debe considerarse un sustituto de las copias de seguridad. Conviene diseñar una estrategia con al menos una copia externa (otro NAS, disco USB que guardes en otro lugar, o incluso almacenamiento en la nube cifrado). Existen herramientas específicas para reconstruir arrays fallidos y recuperar datos en NAS basados en OMV, como utilidades de rescate para RAID, pero es mejor tenerlas en mente antes del desastre.

Por último, resulta muy útil exportar y guardar de vez en cuando la configuración de OMV. Así, si algún día el disco de sistema muere, puedes reinstalar rápidamente en otro soporte, importar la configuración y volver a montar los volúmenes existentes con bastante menos esfuerzo.

Montar un servidor NAS casero con OpenMediaVault no sólo te permite centralizar tus archivos y copias de seguridad, sino que te da un entorno muy flexible para multimedia, acceso remoto y servicios varios, todo ello sobre una base Linux estable y ampliable; con un poco de cariño a la hora de elegir hardware, configurar el almacenamiento, cuidar los permisos y vigilar la salud de los discos, puedes tener durante años un “chiringuito” de almacenamiento en casa que se comporte como un equipo profesional y que vaya creciendo contigo sin obligarte a rehacerlo desde cero. Comparte la información sobre cómo configurar un servidor NAS en casa y ayuda a otros usuarios a saberlo.