TikTok y el bulo del paracetamol: el algoritmo amplificó la desinformación sobre autismo

  • Un estudio presentado en pediatría analizó 53 vídeos de TikTok sobre paracetamol y autismo publicados entre septiembre y noviembre de 2025.
  • El 28,3 % de los vídeos contenía desinformación, pero acaparó el 52,4 % de las visualizaciones de una muestra con 28,13 millones de reproducciones.
  • Los influencers sin formación médica firmaron el 73,3 % de los vídeos con bulos, que solían incluir teorías conspirativas y desconfianza hacia la industria farmacéutica.
  • Los investigadores concluyen que el algoritmo de TikTok amplificó los contenidos falsos frente a los basados en evidencia científica.

Bulo paracetamol y autismo en TikTok

Una investigación presentada en el congreso anual de la Academia Estadounidense de Pediatría ha puesto el foco en cómo TikTok manejó el falso vínculo entre el paracetamol durante el embarazo y el autismo. El trabajo, difundido por EFE, examinó 53 vídeos publicados entre septiembre y noviembre de 2025 y concluye que la plataforma ayudó a que los bulos y las teorías conspirativas llegaran a mucha más gente que la información rigurosa. La polémica arrancó después de declaraciones públicas en Estados Unidos sobre esa supuesta asociación, que la comunidad médica rechazó por falta de pruebas.

La preocupación no era menor: muchas embarazadas empezaron a preguntarse si tomar paracetamol era peligroso y buscaron respuestas en redes sociales. Los autores querían entender qué información encontraban y cómo el algoritmo decidía mostrarla. Lo cierto es que los mensajes alarmistas parecían tener más recorrido que las explicaciones basadas en la evidencia. Ese punto es el corazón del estudio.

Un análisis de 53 vídeos y una hipótesis sin respaldo

Los investigadores revisaron 53 vídeos de TikTok publicados entre septiembre y noviembre de 2025, localizados con búsquedas como ‘paracetamol autismo’. Dos revisores clasificaron cada pieza por separado atendiendo al grado de desinformación, al perfil de quien la creaba, a su calidad educativa —con una escala global usada en este tipo de trabajos—, al enfoque temático y a las métricas de interacción. Del total, el 52,8 % coincidía con la evidencia científica, el 28,3 % contenía bulos y el 18,9 % resultaba ambiguo. La comunidad médica ya había aclarado que no existe una relación causal demostrada entre el consumo de paracetamol en el embarazo y el desarrollo de un trastorno del espectro autista.

Estudio sobre paracetamol autismo y TikTok

El origen de la confusión se sitúa en unas declaraciones realizadas en septiembre de 2025 por el presidente estadounidense, Donald Trump, y responsables sanitarios de su administración. La tesis de una supuesta asociación prenatal con el autismo fue desmentida por especialistas, que recordaron que no hay sustento científico para afirmarla. Aun así, el mensaje caló y provocó una oleada de dudas entre pacientes y familias.

Los bulos, menos numerosos pero mucho más vistos

Aunque los vídeos con información falsa eran minoría, su alcance fue enorme. Concentraron el 52,4 % de las visualizaciones dentro de una muestra que sumaba 28,13 millones de reproducciones. Un solo vídeo con datos erróneos llegó a los 10,3 millones de visionados, lo que equivale al 36,6 % de todas las reproducciones analizadas. La diferencia entre presencia y audiencia fue uno de los hallazgos más llamativos.

Los contenidos alineados con la ciencia no lograron una difusión proporcional. Según los autores, esto apunta a un problema que va más allá de que exista desinformación: el sistema de recomendación parecía dar ventaja a los mensajes más polémicos. La investigadora Shivani Srivastava, vinculada a la Facultad de Medicina de Rutgers, en Nueva Jersey, subrayó que los vídeos con bulos representaron más de la mitad de los visionados pese a ser una parte menor del contenido disponible.

TikTok y desinformación sobre paracetamol y autismo

Influencers frente a profesionales sanitarios

El estudio también observó diferencias claras según quién firmara el vídeo. Los contenidos creados por profesionales sanitarios solían ajustarse a la evidencia disponible. En cambio, el 73,3 % de los vídeos con bulos y teorías conspirativas procedía de influencers sin formación médica especializada. Esos materiales tendían a tener una calidad educativa más baja y a recurrir a un tono alarmista.

Entre los rasgos más repetidos en los vídeos falsos aparecían los planteamientos conspirativos, presentes en el 46,7 % de los casos, y la desconfianza hacia la industria farmacéutica, que asomaba en el 53,3 %. La combinación de emoción, sospecha y lenguaje sencillo facilitaba que esos mensajes calaran entre usuarios preocupados por la salud. Frente a ellos, las explicaciones médicas quedaban en desventaja.

El algoritmo, en el punto de mira

Los responsables de la investigación sostienen que el algoritmo de TikTok amplificó la expansión de vídeos con enfoque conspirativo e información errónea sobre un asunto sanitario delicado. Permitió que los bulos se difundieran mucho más que los contenidos basados en pruebas, según sus conclusiones. El trabajo se presentó en un contexto de debate creciente sobre la responsabilidad de las plataformas digitales en la difusión de información de salud pública.

Srivastava también hizo hincapié en la necesidad de que hospitales, sociedades médicas y profesionales participen en las conversaciones digitales. No basta con publicar ciencia: hay que hacerlo de forma atractiva y accesible para competir con los relatos falsos. TikTok es, además, una de las principales fuentes de información sanitaria para adolescentes y adultos jóvenes, lo que aumenta el impacto de estos fenómenos.

El caso del paracetamol y el autismo refleja un fenómeno que se repite cada vez más: millones de personas acuden a redes sociales para resolver dudas médicas, pero los sistemas de recomendación no siempre priorizan lo más riguroso. Los expertos insisten en que la lucha contra los bulos sanitarios ya no se libra solo en consultas, hospitales o revistas científicas, sino también en los algoritmos que deciden qué ve cada usuario. Para los autores, la lección es que la información veraz debe ser capaz de competir con los contenidos falsos que aprovechan el tirón de las emociones.


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